CONTRAGRAFISMOS: ESTAR O NO ESTAR

Se le denomina contragrafismo a todo el espacio blanco que rodea a los signos que conforman la escritura. La nada, se podría decir. ¿Sí? En realidad no se puede despachar tan fácilmente aquello que, como los mismos fabricantes de tintas y tóner reconocen, es el 95% por ciento del total de la página (los cartuchos de 3.000 páginas durarían sólo 150 si el espacio completo quedara impreso). Ahora que ya sabemos que la materia oscura del universo es algo quizá es el momento de reconocer la importancia de los contragrafismos…

El uso de los contragrafismos es básico en el diseño editorial. Y también en el diseño de nuestros trabajos más modestos. Tuve un profesor que suspendía fulminantemente si:

a) Creabas una carpeta en el escritorio de la interfaz del ordenador.

b) Usabas blancos para rellenar documentos.

Porque, vamos a reconocerlo abiertamente, ¿quién no ha rellenado con blancos cuando no ha sabido cómo solucionar la colocación de algún elemento dentro de la página? “Bueno, así por lo menos se ve”, decimos. Pero aquí debemos cambiar la percepción que tenemos del software de tratamiento de texto: del protocolo WYSIWYG (what you see is what you get) pasamos al WYSINEWTG (what yo see is not exactly what they get). Tan impronunciable como desazonador para quien se lo encuentre.

EL CURSOR ESCLAVISTA

Abrimos nuestro tratamiento de texto y aparece una página en blanco y un cursor. No, no es el inicio de un chiste del tipo “Se abre el telón…”, es la cruda realidad. Por definición, el cursor es el lugar referencial en que nos encontramos, y al modo de Machado hacemos camino al andar cuando el cursor va ocupando el espacio por delante de él, aunque aquí la senda que caminamos queda por detrás de nosotros, afortunadamente. Si escribimos avanzamos, y para crear contragrafismos nuestra principal herramienta es la barra espaciadora.

Si el dedo sufre un síncope sobre la barra espaciadora el cursor corre como un fórmula 1 de Red Bull, camino del abismo. Esfuerzo vano si el documento va a parar a manos de un maquetador, porque una de las primeras instrucciones que ejecutará será la eliminación de espacios sucesivos. ¡Ah!, grita nuestra mente; pero así se está cargando la fórmula que tanto me costó colocar en la página nueve. Y aquí es donde recibimos nuestro primer baño de realidad: el documento que habíamos cerrado en nuestro ordenador y había quedado tan chulo ¡sólo queda así en nuestro ordenador! En cuanto lo abrimos en otro ¡pluf!, todo descolocado. ¿Por qué? Obviamente, cada ordenador abrirá el documento con un programa diferente, en versiones más antiguas o más modernas, con tipografías que tampoco coinciden al cien por cien aunque se llamen igual, con una definición de tabulaciones propia, con medidas de página que pueden no coincidir tampoco… Muchas variables, en fin. Y si tuvimos un ajuste de página un pelín forzado en la página 135 y jugueteamos colocando cosas en la 91, posiblemente todo esté descolocado desde ahí. Volvamos al concepto: hemos creado una ristra de seis millones de golpes de tecla. Si su medida debía ser de 9 puntos didot pero el ordenador que lo abre lo interpreta en puntos de pica, la diferencia es de la sexta parte de un milímetro por grafismo. Al final del documento, un kilómetro. Ahí es ná.

ESPACIO INFINITO VS. TEORÍA DE LAS CAJITAS: LAS TABLAS

Bien, espero que el concepto ya haya quedado claro. Veamos ahora en qué influye y cómo solucionarlo.

¿Dónde introducimos los blancos? Aparte de rellenar con la barra espaciadora, con tabulaciones y con líneas blancas entre párrafos. Evitar repetir espacios con la barra espaciadora nos exige buscar soluciones cuando se nos plantea la necesidad. Ahí van unos casos:

Para crear esquemas y tablas debemos acudir siempre a la herramienta Tablas. Hay que coger cierta soltura en su uso, pero incluye las variables necesarias. No queda feo si jugamos con las líneas de separación de celdas y los marcos exteriores. Para hacer una división, por ejemplo, antes del signo igual tendremos una sola fila, en el centro dos, y a la derecha el resultado en otra. Si creamos una tabla simple de tres columnas y dos filas podemos fusionar las celdas de las columnas derecha e izquierda y dejar la central con dos. Eliminando todas las líneas salvo la central de la segunda columna la apariencia es muy decente. Y, lo más importante, es exportable.  Cualquiera que abra el documento verá lo que deseamos que vea, y como nosotros lo creamos.

Es recomendable, si estas cosas se nos plantean de vez en cuando, recurrir a herramientas como Insertar → Ecuación en Word o la extensión Math en OpenOffice, o bien trabajar con aplicaciones que ofrecen el resultado a partir de instrucciones (o sea, fuera del concepto WYSIWYG), como sucede con LaTex, un software gratuito que hace esto, entre muchas otras cosas, y que es muy popular en el mundo de la investigación científica. Pero para salir del paso las tablas son suficientes.

TEXTOS EN IMÁGENES, E IMÁGENES CON TEXTOS

A veces también creamos pies de imagen que complementan lo que ésta dice con unos textos que nosotros introducimos. Pensemos nuevamente en la visualización. Si hay texto que debería verse a la vez que una imagen debemos crearlo a partir de cajas de texto, que el programa toma como espacios ajenos al devenir del cursor, y no olvidarnos de unirlas a la imagen que deseamos comentar agrupándolas a ella. Para ello hay que ir marcándolas a la vez que tenemos la tecla Shift apretada, y cuando al situarnos encima de cada una se visualice la flecha de todas las direcciones. Cuando la selección está completa, botón derecho → Agrupar. Hacemos de ello algo estable y sólido. Y para que aparezca siempre en el mismo lugar debemos haber insertado la agrupaciónconvenientemente. Si el pie de imagen es sólo un pie de imagen, pues qué mejor que ir a la opción Insertar título cuando ya hemos introducido la imagen.

TABULA RASA

¿Y qué pasa con las tabulaciones? Bueno, son admisibles a la hora de crear listados, y quedan bien cuando en lugar de ser en blanco son de puntos, tipo índice, pero tienen algunos inconvenientes:

Por un lado, no es aconsejable crearlas llenando el espacio de la línea, porque si el programa que abre el documento lo trastoca habrá cortes de línea indeseados y todo se visualizará mal.

Tampoco deberían ser muy pocas por lo mismo: una tabulación es un espacio fijo, si el elemento anterior es demasiado corto una línea habrá llenado el espacio previo a una tabulación y otra a dos, pero si no coinciden en el programa de apertura puede sobrarnos una tabulación que nos equilibró el texto en nuestro documento.

Finalmente, y aunque ello sí está resuelto en los programas de autoedición, si a la derecha usamos cifras no podremos alinear al punto, o a la coma, porque la cifra aparecerá desde la tabulación. Empezar a añadir espacios para cuadrar es una tentación, pero vuelve a sumergirnos en el vicio que intentamos desterrar. ¿Entonces? O lo dejamos como se ve, o quedamos en Tablas. Decisión personal.

Tampoco caigamos en la tentación de introducir tabulaciones cuando creemos listas, bien sean numeradas o con viñetas. Si las tabulaciones han sido definidas en el propio documento tendremos el control de dónde quedarán al incluir sangrías (si no lo hicimos el documento las habrá definido por defecto), pero lo más importante es que los listados se controlan por sus niveles: el nivel 1 tendrá menos que el nivel 2, y así sucesivamente, y a la vez todas las del mismo nivel crearán una numeración consecutiva, a no ser que lo indiquemos en contra. No es en absoluto necesario acudir a las tabulaciones en este caso.

En lo que las tabulaciones no son admisibles es en la colocación del texto. Si queremos que nuestros textos tengan sangría de primera línea, debemos definirlo así en la pestaña de Párrafo (ni que decir tiene que es aún menos admisible marcar la sangría de primera línea con espacios de la barra espaciadora, eso ya puede convertirse en una pesadilla para un maquetador). Si queremos párrafos retranqueados, debemos crear un estilo de párrafo, llamarlo “Retranqueado” y definir todas sus variables, tanto tipográficas como no tipográficas.

LOS BLANCOS DE DIVISIÓN: “DEJÁ AHÍ ESA MANITO”

Acabamos una sección. Para ir a la siguiente damos al intro hasta que aparece la página nueva. Le meto otras veinte líneas blancas y añado el título nuevo. Nueva ristra de blancas hasta que vuelve a aparecer la nueva página. MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL.

Cuando hemos acabado con una página hay que ir a otra sin necesidad de blancos sucesivos con Ctrl + Intro. Si cada capítulo lleva una portadilla  podemos o bien introducir una página de portada o bien colocar el título de la portadilla para que aparezca centrado en vertical, definiendo que tenga, pongamos por caso, 400 puntos por arriba, y volviendo a clicar Ctrl + Intro para irnos a la primera página de texto. Incluso tenemos la opción de insertar páginas en blanco si queremos que nuestras portadillas empiecen siempre en página impar.

A lo largo del documento, es tentación muy común insertar una línea blanca entre cada párrafo, para que quede más aireado. Pero eso, aparte de incorrecto, es innecesario, porque en la definición de párrafo (la que hacemos general para el documento, o la que tiene el párrafo con el estilo que queramos introducir) una de las variables es el espacio antes y el espacio después. Preferiremos el espacio después, e introduciremos el valor que más nos guste. Podemos especificar que esta separación no aparezca entre párrafos del mismo estilo, y así conseguiremos que haya espacios suplementarios entre párrafos diferentes, como títulos o retranqueados, pero no en lo general. Debemos tener en cuenta una cosa: la separación entre párrafos es cosa de la tipografía de palo seco (con letras sin remate), que solía componerse sin sangría de primera línea. Para evitar el efecto “macizo” del bloque de texto se insertaban estos blancos. En las tipografías tradicionales, como Times, era costumbre introducir un valor de sangría de primera línea equivalente al doble en puntos del cuerpo del texto utilizado, y eran esas sangrías las que marcaban el ritmo de la página, haciendo innecesarias las separaciones entre párrafos.


 

Como veréis, todo tiene su explicación, y cada necesidad tiene su herramienta apropiada. Cuanto más dominemos estas herramientas mejores serán los resultados. Y menos quebraderos de cabeza para quienes abran nuestros documentos.

¿Alguna duda? Como siempre, estoy a vuestra disposición. Preguntad, preguntad.

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4 Comentarios

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