USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (II: SINTAXIS Y COMPOSICIÓN)

Tras haber dado en un post pasado algunas claves que deberían considerarse sobre la creación y la estructura de los títulos y subtítulos de una obra retomamos el tema ahora para ver cómo llevar lo antes dicho a la práctica. Dicho de otra manera: ya hemos visto cómo hacer que quede aparente la página del índice; ahora vamos a centrarnos en cómo hacer atractivo lo que en él se recoge a lo largo de la obra. Sin ningún tipo de cortapisa, pero con avisos de malas praxis que conviene tener en cuenta.

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USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (I: CREACIÓN Y ESTRUCTURA)

Hace ya tiempo hablé sobre la preparación de originales. También, sobre la responsabilidad que cabía a los coordinadores editoriales a la hora de pedir a todos los involucrados en un proyecto respeto por unas normas que concedieran al resultado final coherencia y solidez. En ambos casos lo que aquí escribo es un añadido necesario, porque el uso de títulos y subtítulos otorga a la obra escrita estructura en doble sentido:

  • visual y gráfica de un lado, porque dividirá el texto en partes, epígrafes o parágrafos que permiten la pausa en la lectura y darán pie a la existencia de blancos de cortesía, portadillas, páginas en blanco u otros recursos de diseño editorial;
  • intelectual o argumentativa de otro, estableciendo entre ellos la extensión del desarrollo de una idea, un argumento o una parte del todo de la obra.

Dependiendo del tipo de obra de que se trate estas cesuras o interrupciones van a tener una u otra forma e importancia, y van a estar más o menos predefinidas.

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DECIR TONTERÍAS AL BOTE PRONTO: NOTICIAS PERIODÍSTICAS SIN DIGERIR

Ya he confesado alguna vez que para mantener la sintaxis acostumbrada a esa jerga soy fiel a las secciones de economía de los diarios más importantes. Sin haber recibido más que una somera enseñanza de esta materia que, cual oráculo de Delfos, dice lo que le viene en gana cuando le apetece (e interprete usted lo que considere), pero a quien todos creemos a pies juntillas, sumo a mi desazón por la prima de riesgo y el Grexit la curiosidad por desentrañar las expresiones y la terminología de una disciplina al parecer metafísica, pues se maneja hace tiempo fuera del mundo conocido por ignotos derroteros.

¿Es enmendable un informe económico? Al parecer todos lo son, por quienes sostienen una distinta visión de los acontecimientos, pero no me refiero a que se le pueda poner enmiendas, sino, sencillamente, a que se le pueda corregir. De errores de bulto, según explica Paul Krugman, han devenido teorías económicas republicanas y conservadoras sobre el endeudamiento, la capacidad de crecimiento y el riesgo de default. Si lo pensamos bien, qué mejor demostración de la vigencia platónica del Mito de la Caverna, y por pirueta argumentativa de la divinización de la disciplina económica, tan ajena al parecer a la realidad como la música celestial, la oquedad de la Tierra y otros curiosos mitos que la Humanidad se tomó en algún momento por verdades incuestionables.

Nos tomamos como cierto lo que dicen los economistas porque resulta trascendente y dogmático, porque por su misma forma de argumentar invita a la convicción. Sería raro leer de un reputado economista que las cosas se van a desarrollar de una manera, pero que esa idea subjetiva suya ignora tantos detalles que el devenir real será seguramente muy distinto y puede que contrario a lo previsto. Tiene su lógica que aquellos en quienes confiamos la salud del funcionamiento de la economía nos inspiren confianza, pues la confianza misma es un factor más de la ecuación de la estabilidad y el crecimiento, como la dichosa prima de riesgo se ha encargado de demostrarnos.

Por todo lo dicho, la forma de expresarse de los economistas se somete a unas exigencias de seriedad, justificación y previsión que marcan indeleblemente el estilo económico. A los políticos les toca imitarlo, aunque muchas veces sus conocimientos de la materia resulten más bien pobres y sean simples transmisores de ideas de terceros. Y a los periodistas también les cabe su uso, porque el público (lo que ahora, un tanto castizamente, se llama “el gran público”) sabe de los otros por lo que los periodistas cuentan.

El periodismo actual, sin embargo, está empachado de urgencia. Parece una broma imaginarse ahora las redacciones de antaño, adonde llegaban los periodistas tras una jornada de llamadas, visitas y encuentros para sacar de todo las palabras de su columna, viendo como vemos la inmediatez del periodismo digital, que a veces es solo el pie de una foto impactante que solo requiere el contexto de unas coordenadas y una hora exacta, y que muchas más arrastra un texto confuso tras un titular impactante.

El pasado día 24 Manuel V. Gómez publicó en El País, edición digital, una noticia que tituló “El sueldo más habitual en España asciende a 15.500 euros brutos al año”. Puede consultarse en la dirección http://economia.elpais.com/economia/2015/06/24/actualidad/1435137971_730270.html. En ella ofrecía una serie de datos sobre sueldo medio, sueldo mediano y otros datos que hablan de devaluación, crisis y depauperación. Lo curioso es que se ofrece como responsable de los datos al Instituto Nacional de Estadística, y que los datos corresponden al ejercicio ¡2013! Eso sí, recién salidos de un informe. Y a partir de ellos se han extraído las conclusiones oportunas, como si pudiésemos obviar ese año y medio transcurrido desde el periodo de estudio y tomar como verdad manifiesta y evidencia periodística la lectura de un informe pretérito sin corroborar los datos por otros medios o cotejarlos con los de otras instituciones dedicadas a estos asuntos. Que siendo de 2013 seguro que los hay.

En el mismo periódico, en el mismo día, otra noticia relataba que “La pensión media de los autónomos se sitúa en los 635 euros” (http://economia.elpais.com/economia/2015/06/23/actualidad/1435057071_937255.html). En este  caso la noticia es actual, y pormenoriza la precariedad económica en la que vivimos los trabajadores por cuenta propia, ofreciendo más que datos porcentajes de este colectivo que temen por su futuro, en general. Sin embargo, no es propio del periodista el estudio que aporta los datos, y cuando debe citar la fuente lo hace en este párrafo que transcribo completo:

“Lo que sucede, según el Emprende tu jubilación, de la Universidad de Barcelona y VidaCaixa, es que el 65% de los autónomos no se puede permitir pagar por una base de cotización más alta, lo que daría derecho a una prestación final mayor. Más bajo es el porcentaje de quienes justifican que pagan menos por que no se fían del sistema público de pensiones, un 25%”.

Según este texto no deberíamos deducir que toda la noticia parte de la información del Emprende tu jubilación, sino solo la parte que recoge ese párrafo, porque esa cosa que se cita solo se cita así, y en el segundo párrafo. Pero tampoco sabríamos a quién atribuir el resto, porque la noticia no viene firmada, así que extendemos la responsabilidad a la única autoridad visible, porque sencillamente no hay más.

Como suponemos que lo dicho no está simplemente inventado, otorgamos una presunción de verosimilitud a lo que se cuenta porque eso de Emprende la jubilación tiene toda la pinta de ser un estudio promovido por la aseguradora y la universidad citadas para comprobar cómo andan las cosas antes de diseñar el oportuno producto financiero que suplirá a la agotada maquinaria de la Seguridad Social. Eso sí, de quiénes son sus autores, y del método de elaboración, las cohortes de población usadas, el número de encuestas realizadas, el método, la ventana temporal de recopilación informativa y otros detalles técnicos nada sabemos. Solo que un periodista anónimo se ha hecho eco de ello para que nos lo vayamos pensando, porque al verlo en su correo electrónico le pareció chulo y actual.

¿Qué tipo de periodismo económico es este? Bueno, en realidad ¿es esto periodismo económico? Veamos cómo se habla de la importancia de los autónomos en el segundo artículo referido, para contextualizar su importancia real:

“Hay que tener en cuenta que el porcentaje de autónomos, el colectivo que primero creció a recuperar empleo, es superior en Europa respecto del conjunto de la Unión Europea, el 16,7% frente al 14,3%”.

¿Qué ha querido decir con que “creció a recuperar empleo”? Cuando habla de Europa ¿no querrá decir España? ¿Qué manera de informar es esta?

Esperen a leer este párrafo de la primera noticia. En ella habla de la diferencia de sueldos por sectores. Atentos que no tiene desperdicio (todos los errores son ciertos, la transcripción es exacta):

“En lo referente a sectores, asimismo, se aprecia otra de las cuestiones más habituales en el mercado laboral español, que los trabajadores del sector energético, 52.827,86 euros, una cantidad que más que multiplica por dos las ganancias medias media. Por contra, quienes están en lo má sbajo de la tabla son quienes trabajan en la hostelería, una media de 13.851,08 euros”.

Ni el fondo, ni siquiera la forma. Me encanta Joaquín Reyes en el monólogo en que explica que dice inconveniencias porque no las piensa, “porque no hay nadie a los mandos”. Cuando hemos empezado el post hemos justificado una suerte de sacralización de la materia económica. ¿Debemos empezar a pensar que cuando leemos estas desquiciantes noticias debemos leer entre líneas, buscando un esotérico mensaje que escapa a los no iniciados sobre la economía, el futuro y la suerte?

DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? ( Y V: LA CORRECCIÓN DE COMPAGINADAS Y TODAS ESAS OTRAS COSAS QUE LOS CORRECTORES TAMBIÉN SUELEN HACER)

Por lo general, a los correctores se les encargan muchas más cosas aparte de corregir: revisar bibliografías, hacer resúmenes, extractar sumarios, sugerir títulos, extraer palabras clave. Son labores que no considero en sí mismas corrección, y que bien hechas implican conocimientos ajenos a la lengua, el uso de códigos diferentes, pero a veces se entremezclan con la tarea de la corrección. Sea por rentabilizar el trabajo del corrector sumándole tareas paralelas a la propia corrección, sea porque el corrector experimentado es un técnico editorial con una concepción global del proceso editor y puede abordar estas tareas con más seguridad que quien no está acostumbrado al “tratamiento del texto”, lo cierto es que muchas veces el profesional invade competencias de otros (léase traductores, diseñadores, documentalistas o maquetadores) porque no siempre se dispone de una plantilla completa o de la posibilidad de subcontratar todas y cada una de las tareas que exige la edición. Vamos a extender un poco este comentario.

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DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? (IV: NIVEL IDIOMÁTICO Y ORTOTIPOGRAFÍA)

No hay corrección inocua. Cualquier modificación cambia más que aparentemente el texto que toca. Sólo un par de palabras aquí o allá, una oración con el orden alterado, un sinónimo apropiado o una eliminación o sustitución oportuna ofrecen del mismo texto una imagen general muy diferente. ¡Parece más grande!, solemos decir cuando vemos una habitación recién pintada, aunque el único elemento distinto sea tres kilos de pintura. La percepción de los textos varía enormemente con una corrección profunda, y la tarea encomendada al corrector debe haber ido en la dirección correcta para que el cambio sea a mejor.

Si, como expusimos como premisa, el corrector cambia lo que no debería estar ahí, la completud de la corrección debe pasar por que sea evidente para el lector lo que sí debería estar. Ello implica dos procesos ineludibles: de un lado, el ajuste de los textos al nivel idiomático que les corresponde. De otro, el cuidado de su ortotipografía. Explicaremos de seguido qué queremos decir con ello.

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DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? (III: EL PROCESO DE LA CORRECCIÓN)

Los días pasados hablamos de cómo leer y de qué buscar en la lectura. Llegados hasta aquí, recapitulemos: ¿corregir es sólo cuestión de memoria? No, evidentemente. ¿Dónde hemos llegado, pues? ¿Tanta vuelta para decir que corregir supone dominar la Gramática y la Ortografía? En realidad, lo que he hecho hasta ahora ha sido solo mostrar una explicación general del hecho de corregir, pero aún no he contestado ninguna de las preguntas que había planteado: ¿cómo hace un corrector para corregir un texto?; ¿qué cosas cambia?; ¿qué licencias se toma?

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DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? (II: LA MEMORIA COMO INSTRUMENTO DE LA CORRECCIÓN)

En el post pasado hablamos del proceso de lectura. Del entrenamiento y la disciplina que le requiere a un corrector leer para corregir. De los tipos de lectura que cada lector practica y que el profesional debe tener en cuenta, usar y también superar. Hoy vamos a hablar de qué busca el corrector al leer. Dónde centra su atención.

Para decirlo con muy pocas palabras, en cada texto el corrector debe hallar aquello que no debería estar ahí, pues eso al fin y al cabo es el error. Para lograrlo emplea determinadas herramientas. De todas ellas, hoy nos centraremos en la principal de todas: la memoria.

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