USO INCORRECTO DE “MISMO/MISMA”

Ya el Esbozo de una nueva Gramática de la lengua española de la comisión de Gramática de la Real Academia Española decía, en el lejano 1973: “El adjetivo mismo (…) no es un pronombre” y, más adelante, “Conviene llamar la atención sobre el empleo abusivo (…) que la prosa técnica hace(n) hoy del anafórico el mismo, la misma, por considerarlo acaso fórmula explícita y elegante. Pero no pasa de vulgar y mediocre”.

Más modernamente, la Nueva Gramática de la lengua española, editada en 2010, se extiende más sobre su uso, y si bien recuerda el originario como adjetivo, se explaya más, y también recuerda sus malos usos. Malos usos que parecen enraizar como una mala hierba, emponzoñando el estilo de muchos autores que quedan de este modo contaminados por una moda que parece ofrecer alguna ventaja de utilidad, pero que sólo resulta redundante y cacofónica.

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USO CORRECTO DE LAS COMILLAS

Algo tan común como son las comillas plantean a los autores un montón de dilemas, y en los escritos abundantes errores que habitualmente lleva bastante tiempo enmendar. ¿Por qué?

En general, las comillas se usan con dos motivos: referir bibliografía y citar textos. Tienen algunos otros usos que la Ortografía de la Real Academia especifica, pero en los que no vamos a detenernos ahora.

Lo que debemos tener claro al principio es: ¿cuántos niveles de entrecomillado preveo que va a tener mi texto? y ¿qué comillas voy a usar para marcar esa gradación?

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PREPARACIÓN DE TEXTOS PARA SU EDICIÓN: TRUCOS PARA NO TRABAJAR EN BALDE

¡Qué cosas más chulas hacen los modernos programas de tratamiento de texto! Se pone uno a hurgar y es que es un no parar, que si rótulos en colorines, que si títulos en curva con destellos, que si variantes infinitas de presentación del texto… Nos quedan unos trabajos que ríase usted de los códices miniados medievales. Luego nos lo solicitan porque van a publicarlo en una revista, o lo van a colgar en la web del Departamento, y cuando lo vemos, oye, no es lo mismo.

Se le pasa a uno en seguida porque editar es editar y siempre da un poco de subidón, pero ¿qué se hizo de nuestra presentación tan chula? De nuestros ratos decorando y rebuscando en los menús ¿qué se hicieron?

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ORTOGRAFÍA: SOBRE EL PUNTO Y LAS LLAMADAS DE NOTA

Hoy vamos a comentar una de esas cosas de la ortografía que genera controversia: la colocación de las llamadas de nota y los signos de puntuación. En esto, como en la mayoría de los asuntos referidos a la puntuación, no hay un criterio uniforme. Digamos que somos capaces de llegar a un consenso para dejar de acentuar fue, y vio, pero que otras cosas no las vemos tan claras.

Por mucho que algunos me tilden de “oficialista”, lo primero para mí siempre es echar un ojo a lo que dice la Real Academia. Ya saben, por eso de “Limpia, fija y da esplendor”. Pero que a veces no nos saca de dudas.

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CÓMO GESTIONAR LAS “PRUEBAS” EN EL PROCESO EDITORIAL

Hablemos hoy de las pruebas. Pruebas editoriales, se entiende. ¿Debería hacer aquí el chiste fácil y decir que para saber si un original es bueno debemos remitirnos  a las pruebas? Puede parecer tópico, pero suele ser muy cierto. Según la norma que regula estos aspectos, la Ley de propiedad intelectual, cuyo texto refundido fue aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril (dice su título “regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia”), y que derogó la vetusta Ley 22/1987, de 11 de noviembre, de Propiedad Intelectual, son Obligaciones del autor (artículo 65):

“1.º Entregar al editor en debida forma para su reproducción y dentro del plazo convenido la obra objeto de la edición.

2.º Responder ante el editor de la autoría y originalidad de la obra y del ejercicio pacífico de los derechos que le hubiese cedido.

3.º Corregir las pruebas de la tirada, salvo pacto en contrario”.

Por su parte, en el artículo siguiente, el 66 (Modificaciones en el contenido de la obra)especifica:

“El autor, durante el período de corrección de pruebas, podrá introducir en la obra las modificaciones que estime imprescindibles, siempre que no alteren su carácter o finalidad, ni se eleve sustancialmente el coste de la edición. En cualquier caso, el contrato de edición podrá prever un porcentaje máximo de correcciones sobre la totalidad de la obra”.

Vemos pues que la posibilidad de corregir las pruebas se constituye así en una especie de “derecho-deber”. Como derecho, por ejemplo, lo ejercerá quien hubiera entregado un capítulo un poco “cojo”, que después de haber entregado el original se decidiera completar. Como deber, podrá invocarlo el editor si hubiera, por ejemplo, una “obsolescencia sobrevenida” por una actualización legal que obligará a revisar el texto a partir de nuevas premisas.

¿Cuál es el momento de abordar esos cambios? Si el original ya se entregó, muy posiblemente deba ser a la recepción de las pruebas.

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