USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (II: SINTAXIS Y COMPOSICIÓN)

Tras haber dado en un post pasado algunas claves que deberían considerarse sobre la creación y la estructura de los títulos y subtítulos de una obra retomamos el tema ahora para ver cómo llevar lo antes dicho a la práctica. Dicho de otra manera: ya hemos visto cómo hacer que quede aparente la página del índice; ahora vamos a centrarnos en cómo hacer atractivo lo que en él se recoge a lo largo de la obra. Sin ningún tipo de cortapisa, pero con avisos de malas praxis que conviene tener en cuenta.

Sigue leyendo

DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? ( Y V: LA CORRECCIÓN DE COMPAGINADAS Y TODAS ESAS OTRAS COSAS QUE LOS CORRECTORES TAMBIÉN SUELEN HACER)

Por lo general, a los correctores se les encargan muchas más cosas aparte de corregir: revisar bibliografías, hacer resúmenes, extractar sumarios, sugerir títulos, extraer palabras clave. Son labores que no considero en sí mismas corrección, y que bien hechas implican conocimientos ajenos a la lengua, el uso de códigos diferentes, pero a veces se entremezclan con la tarea de la corrección. Sea por rentabilizar el trabajo del corrector sumándole tareas paralelas a la propia corrección, sea porque el corrector experimentado es un técnico editorial con una concepción global del proceso editor y puede abordar estas tareas con más seguridad que quien no está acostumbrado al “tratamiento del texto”, lo cierto es que muchas veces el profesional invade competencias de otros (léase traductores, diseñadores, documentalistas o maquetadores) porque no siempre se dispone de una plantilla completa o de la posibilidad de subcontratar todas y cada una de las tareas que exige la edición. Vamos a extender un poco este comentario.

Sigue leyendo

PLANEAMIENTO Y PREPARACIÓN DE ORIGINALES PARA SU EDICIÓN. CUESTIONES BÁSICAS

En un post anterior hablábamos del concepto general de “espacio en blanco” o “espacio visual” en los PM. Vimos también que la mancha se ocupaba por elementos de dos tipos básicos: texto y no-texto. El funcionamiento de los tratamientos de texto es sin embargo lineal, y como apuntábamos cuando hablamos de los contragrafismos el espacio en una hoja es un continuo de elementos consecutivos, y no una ordenada agrupación de uno o varios elementos textuales o gráficos. Ahí está la gran diferencia, y por eso, y antes de rematar la serie sobre alfabetización visual en la autoedición, me ha parecido conveniente intercalar este post sobre preparación de originales. Sigue leyendo

AUTOEDICIÓN Y ALFABETIZACIÓN VISUAL (II): EL LIBRO

En el pasado post hablábamos genéricamente del “espacio en blanco” que se genera en un documento nuevo generado por un PM, o un conjunto de ellos, si es que los vamos a agrupar para formar un solo volumen. Vamos a ver ahora qué normas rigen la presentación de la información en forma de libro, que debemos respetar si esperamos que tenga una apreciación positiva por parte del lector.

Todas estas normas son por supuesto convenciones, pero como ya he comentado en otras ocasiones no debemos menospreciar el valor ni la oportunidad de las convenciones: nunca olvidemos que la arquitectura griega de Fidias, el referente clásico por excelencia, se sujetaba a unas adaptaciones muy precisas que buscaban que el ojo humano percibiera la construcción como estéticamente perfecta, no matemáticamente perfecta, deformando el fuste de algunas columnas para que al apreciar el peristilo la luz no las hiciera aparecer más delgadas a una altura media que junto a basas y capiteles. Si puede que incluso genéticamente estemos determinados para evolucionar a partir de conceptos “aprendidos” o impresos en nuestro cerebro, la originalidad debe comenzar donde termine el conocimiento, ergo este primero se hace imprescindible. Sigue leyendo

AUTOEDICIÓN Y ALFABETIZACIÓN VISUAL (I): LA AUTOEDICIÓN Y EL ESPACIO VISUAL

“Aprovechar la capacidad tipográfica en bruto para introducir un texto en un programa de maquetación es como obtener energía hidroeléctrica de un embalse. El río tiene la fuerza suficiente para lograrlo, pero no el conocimiento necesario” (James Alex Brown, AutoEdición. Texto y tipografía, ACK Publish, 1984).

Cuando este autor, tipógrafo y diseñador editorialescribió esto, hace ya 30 lejanos años, el concepto de autoedición era bastante novedoso, y las herramientas del autoeditor raras y prácticamente inaccesibles al gran público. En aquellos años, un modesto Apple LC II podía costar el equivalente actual a los 5.000 euros, una impresora Postscript no menos de 3.000 y el software era incompatible con cualquier otro sistema operativo; no digamos ya el abismo que existía entre Macintosh y PC, hoy ya afortunadamente superado.

Quiere ello decir, simplemente, que la labor de creación de documentos impresos de apariencia profesional estaba muy alejada del gran público. Sólo modestamente podían elaborarse cartas, informes sencillos, cosas así.

Sin embargo, no es raro hoy en día que haya quienes se atrevan a crear documentos en programas de maquetación profesionales, como InDesign o QuarkXPress. Aparte la complejidad que puede suponer el conocimiento en profundidad de estos paquetes informáticos, lo verdaderamente importante para sus usuarios es poseer unos mínimos conocimientos que aseguren al osado “neomaquetador” el éxito en su empresa. Sigue leyendo

LA COORDINACIÓN EDITORIAL: HOJAS DE ESTILO (I)

La labor de coordinación editorial es clave para dar coherencia a una colección o a una obra de autores múltiples. Tomemos aquí la acepción “coordinación editorial” con el sentido que tiene en el mundo anglosajón, centrándola en las materias referidas al proceso de supervisión del proceso multidisciplinar que empieza con la creación de unos originales y culmina con la puesta de éstos a disposición del público (véase el post referido a “las pruebas editoriales”). La otra coordinación, la que que en el mundo anglosajón toma la acepción de “editor”, y “cura” —como cuidado o atención— en el italiano, se refiere a la labor de ideación del libro; a su esbozo; a la creación de su armazón o estructura interna, y en paralelo a su intención última, con el planteamiento de una hipótesis de trabajo que irá desarrollándose en una síntesis y que muchas veces el propio coordinador se encargará de sintetizar, como colofón de demostración o rebatimiento. A esa labor debe designársela mejor como dirección, incluso como dirección intelectual, aunque en la bibliografía encontramos muchos ejemplos de ambas acepciones sin pautas claras de delimitación funcional. Vamos a centrarnos pues en la primera, a delimitarla y a acotarla. Sigue leyendo