LA GUÍA DEFINITIVA PARA LA EDICIÓN: CHICAGO-DEUSTO

Está en el mercado desde hace poco un libro que podríamos considerar el compendio ideal para quienes se mueven en el mundo de la comunicación editorial, en cualquiera de sus funciones: el Manual de estilo Chicago-Deusto. Apareció en septiembre pasado, fruto de dos años de arduo trabajo durante los que se adaptó la obra original, The Chicago Manual of Style, al ámbito del español.

La obra original, creada por especialistas de la Universidad de Chicago, ha venido mejorándose con ediciones sucesivas desde 1906, y tuvo una importante adaptación a las nuevas tecnologías en 2010. Ahí radican sus dos principales virtudes: es una obra de honda raigambre, y además atiende con especial cuidado aquellos aspectos de las nuevas tecnologías que puedan resultarnos algo pantanosos o donde no tengamos unos criterios definidos. Sigue leyendo

ESCRIBIR EN UN ENTORNO AGRADABLE (I): PANTALLAS DE VISUALIZACIÓN

A la hora de escribir hay tres circunstancias básicas que debemos controlar: la pantalla de visualización de datos (PVD), la iluminación y el puesto de trabajo. Hoy vamos a centrarnos en la primera de ellas.

Las pantallas de visualización han evolucionado a una enorme velocidad, y su resolución y nitidez nos sorprenden si las comparamos con las que tenían aquellos venerables monitores negros de tubo catódico que se usaban hace sólo veinte años.

Sin embargo, esta evolución también tiene su contrapunto, pues las modernas pantallas pueden resultar dañinas para nuestros ojos si los sometemos durante largas jornadas a la radiación que emiten. Todos los que estamos habituados a su uso continuado sufrimos molestias de algún tipo, molestias que pueden desembocar en algo más serio. Sigue leyendo

ALGUNOS ATAJOS DE TECLADO IMPRESCINDIBLES EN WORD

logo word

El procesador de textos de Microsoft, Word, es bastante más original que su propio nombre. Heredero de aquellos programas con sistema operativo ms, en el que cada instrucción debía ser insertada entre < > (aquel lejano y entrañable Wordperfect), Word enseguida aprovechó el entorno “windows” que Steve Jobs inventó para Apple, haciendo mucho más fácil crear documentos de texto con formato. Ello sin duda aligeró de trabajo a secretarios y secretarias y abrió la informática a usuarios inexpertos.

Mucho han evolucionado las cosas desde aquel entonces. Los procesadores de texto actuales dan la batalla a los programas de autoedición profesionales, mostrándose cada vez más versátiles y potentes, interactuando además con “complementos” que aumentan sus posibilidades de uso.

Quizá por ello ya no es tan importante qué es capaz de hacer el programa, sino cómo conseguirlo rápido, y sistematizarlo. Rebuscando por los menús acabamos por averiguar la forma de hacer lo que necesitamos, pero cuando nos sentamos a escribir los preliminares pueden ser un verdadero fastidio, y tener que interrumpirse cada dos por tres un auténtico latazo. Por “preliminares” debemos entender el formateo del texto, y de ello hablaremos otro día. Hoy vamos a centrarnos en no perder el tiempo cuando estamos escribiendo.

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EL GRUPO CONJUNTIVO Y/O

Determinadas acepciones, determinados usos semánticos, son diferentes en español y en inglés. El enorme flujo de información que a diario se trasvasa de un idioma a otro no ha tenido parangón en toda la Historia porque no existía esa Net que más que unirnos convirtiéndonos en “nodos” nos ha apretujado en un espacio virtual donde estamos atrapados. Por ello importamos, sin pensar mucho en ello, términos o expresiones de otros idiomas haciendo una traducción servil que a veces choca con la preexistente en español, a la que tristemente arrumbamos, tildándola de “obsoleta”.

El lenguaje jurídico y administrativo no escapa de esta negativa influencia, y cuesta a veces comprender por qué llegamos a veces a complicar la forma de expresarnos cuando el problema de comunicación que pretendía resolverse, simplemente, no existía.

Un ejemplo claro y bastante curioso de esa contaminación del inglés es el de la eliminación de la función copulativa de la conjunción “o”, normalmente adversativa pero que puede en nuestro idioma simultanear ambos matices y, a la contra, la eliminación del matiz adversativo de la conjunción “y”. Estamos tan acostumbrados a ver en formularios, sentencias y textos legales el manido “y/o” que hemos dejado de pensar si tiene algún sentido. Y muchas veces no lo tiene. Es más, gramaticalmente constituye una coordinación de coordinadores, algo no admitido en español.

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