LEGIBILIDAD Y LECTURABILIDAD

A veces la Academia nos sorprende con sus limitaciones. Ya sabemos que en un mundo de hombres de letras (y muy concretamente de letras, por cuanto a cada uno le corresponde una) hay disciplinas que no han tenido la suficiente atención. No digamos ya la informática, la ingeniería genética o la mecánica, sino cosas tan de nuestro acervo como la arquitectura. Muchos términos que los arquitectos usan a diario no han entrado “en los marcados grandes de la palabra”, como cantara Silvio Rodríguez, y no por extranjeros, sino por puro desentendimiento. Esta lejanía puede tener cierta coherencia con el funcionamiento de la propia institución: para que una palabra ingrese en el Diccionario debe postularlo uno de sus miembros, que se convierte en su “promotor” (vox ex Academico), y no imagino a muchos académicos a pie de obra para determinar el balasto del relleno entre dos crujías. Sin embargo, sorprende más el desentendimiento en cosas tan de letras como la propia tipografía, como si escribir pudiera ser algo telepático que no requiriera un soporte físico. Este desentendimiento pudiera aquí parecer casi “desprecio”. Ya he hablado en alguna ocasión de la pobre producción tipográfica española y en general hispana, y de que hemos estado al albur de la ampliación de los signos recogidos en familias extranjeras para asegurarnos de poder acentuar, poner diéresis o usar la eñe. Las direcciones de la world wide web han sido el último y sangrante efecto de este retraso, y ni siquiera el nombre de nuestro propio país podemos escribir en la línea de direcciones de un navegador. En el tema de hoy no podemos acudir al Diccionario para que nos aclare qué diferencia hay entre “legible” y “lecturable”. De lo primero nos dice que es “lo que se puede leer” (lo bueno si breve…, debieron pensar); de lo segundo, nada. Pero ambos términos encierran matices que no deberíamos obviar. ¿Cuáles?

LOS TIPOS ILEGIBLES SON LOS MÁS COQUETOS

Cuando decimos que algo es “ilegible” queremos expresar tanto que es incomprensible o ininteligible como que es, más exactamente, imposible de leer. Quedémonos con esto segundo, pues la legibilidad es un condicionante del diseño tipográfico. Las tipografías de uso común tienen una legibilidad asegurada, o sea, podemos componer con ellas textos largos que podremos leer sin esfuerzo ni retraso. Por contraposición, las tipografías que se han denominado habitualmente “de fantasía” retuercen los signos, los estilizan, achatan, abrevian, adornan, todo ello para hacerlos más bellos, pero así los limitan al más reducido espacio de las capitulares y los títulos y rótulos. Como todos estamos acostumbrados al lenguaje visual de la tipografía, este concepto es fácil de comprender.

LA PRESENTACIÓN DE UN TEXTO CAMBIARÁ NUESTRA CRÍTICA SOBRE ÉL

¿Qué hay de la “lecturabilidad”? Aquí es donde la Academia calla. Para los tipógrafos, lecturable es aquello que nos invita a la lectura, y no lecturable aquello que nos aparta de ella o nos genera problemas durante el proceso. No hablamos por supuesto del propio mensaje, sino del espacio tipográfico. ¿Ha aguantado hasta aquí, sufrido lector? Pues si la curiosidad le robó estos cuatro minutos espere a ver la importancia que lo lecturable tiene en su vida. ¿Ha necesitado aumentar o reducir el porcentaje de visualización en Internet? ¿Cuántas veces ha pensado “Dios, veinte euros por un libro y viene con unas letritas apelotonadas que no hay quien les hinque el diente”, o al revés, se ha sentido navegar por páginas huecas con interlíneas excesivas? ¿No es cruel que el html visualice los textos sin cortes de línea y haya que seguir con el dedo el final de una para enlazar con la siguiente sin perdernos? Si genera un retorno de carro “soft” (Alt+Intro) en un texto justificado ¿ve cómo las letras se desparraman por la línea y es casi imposible seguir el texto?

LA LECTURABILIDAD ES EL SENTIDO COMÚN DE LA TIPOGRAFÍA

Es la sociología de la escritura. Veamos algunas notas importantes sobre ella:

INTERLETRA Y ESPACIO ENTRE PALABRAS

El espacio entre palabras debiera ser en torno al espacio que ocupa una letra t. Podría ser mayor en letras con remate porque esos rasgos nos dan continuidad en la lectura, pero en letras muy geométricas resulta obligado, y si queremos conservar el diseño de un documento que entregamos a corregir tendremos que definir esta variable en el procesador de texto para evitar que los errores que de seguro tendremos resulten invisibles por la escasa lecturabilidad (el daño que ha hecho la tipografía Avantgarde es seguramente inconmensurable). Si debemos planear un texto largo, es muy conveniente tener estas apreciaciones en cuenta a la hora de elegir la familia a emplear.   Curiosamente, tampoco mejora la lecturabilidad reduciendo el espacio (denominado “prosa”) entre letras de palo seco, y si la identificación de cada letra está asegurada en tipografías clásicas porque en su diseño cada signo respondía a una construcción individual, en las de palo seco, más geométricas, su individualidad se pierde con la prosa, y ello provoca que dos enes juntas acaben convirtiéndose en una eme, o una ele y una o en una de. En los textos traídos de internet este error puede traducirse en un cambio efectivo de signos cuando interviene un OCR (optical recognizing characters), cuando por ejemplo se han extractado de un pdf. Hay que estar atentos cuando se nos planteen estas circunstancias.


optima
La tipografía Óptima es, dentro de las que carecen de serifa, la menos geométrica

 

LA MEDIDA DE LA LÍNEA DEBE SER EXACTAMENTE INTUITIVA, O INTUITIVAMENTE EXACTA

La línea ideal debería ocupar entre 40 y 60 caracteres (de diez a doce palabras). Líneas más largas harán que nos perdamos. Por ello, si visualizamos html aumentemos la visualización hasta que el marco (el frame) tenga esa medida. Si nos perdemos al leer ello es señal de que estamos leyendo demasiado cerca, y consecuentemente que estamos dañando nuestra vista. ¡Ojo! En una buena tipografía, respetar las medidas ideales permite componer sin corte de palabras sin que se planteen conflictos en nuestro idioma. Por el contrario, las líneas cortas y las tipografías con un ojo medio grande harán obligado permitir los cortes de palabra, o nos obligarán a componer textos en bandera (sólo justificados por un lado). ¡Pero cuidado! No se deben cortar palabras cuando se compone en bandera, es dar dos soluciones a un solo problema. Como ya dijimos en otra entrada, los tipos con serifa permiten una continuidad de la lectura adecuada sólo con añadir sangrías de primera línea, sin necesidad de espaciar los párrafos, lo que ahorra mucho espacio. El retranqueo que produce lo mismo con tipografías de palo seco es antiestético, y por ello se recurre al espaciado. Este espaciado no suele ser de una blanca completa, lo que generará el problema añadido de parangonar las páginas enfrentadas para que ambas comiencen y terminen en la misma medida, forzando la apariencia cuando una tiene tres blancos y la otra, por ejemplo, dos. Por eso los libros de sólo texto en mancha maciza y texto corrido, como las novelas, suelen componerse en tipos con serifa y sin separación de párrafos. Si estamos planificando una publicación no votemos su estructura interna y su diseño (la retícula) sin haber reflexionado sobre estos aspectos.

SI UNA TIPOGRAFÍA PERMITE LEER MÁS TIEMPO O MÁS DEPRISA ¿NO NOS ESTÁ HACIENDO GANAR DINERO?

A la distancia de lectura habitual el cuerpo de letra recomendado es el 10, pero para leer en una pantalla la medida debería ser el cuerpo del tipo por 3,5 centímetros, y si no queremos achicharrarnos los ojos cuando baje de 40 centímetros deberíamos aumentar el tamaño de la visualización. Si visualizamos tipos de diseño clásico, la proporción debe aumentar. Hay mejor lecturabilidad con tipografías con remates o serifas (como Perpetua o Times) que sin ellas (como en Cambria, Calibri u Óptima), pero para hacer listas se recomiendan las letras de palo seco. Si generamos un informe técnico mejor en Univers, y si extraemos información y queremos asimilarla mejor convirtamos los textos de listas y tablas; ganaremos tiempo. La cantidad de letra cursiva que haya que incluir es muy importante a la hora de decidir la familia usada. Los tipos más antiguos tienen variantes cursivas que son familias por sí mismas, con unas características totalmente diferentes a sus compañeras redondas y con una lecturabilidad mucho menor que ellas, pues dan en general más densidad y una acusada sensación de abigarramiento, a pesar de necesitar en muchos casos más espacio que las redondas. Fue Stanley Morison, sin duda el tipógrafo más influyente de la Historia, creador de la Times, quien prescribió que una cursiva en armonía perfecta con la redonda de su propia familia debía ser oblicua, y no cursiva propiamente, y a partir de su criterio las familias “modernas” con serifa, como la propia Times o la Perpetua, sin duda las dos más bellas, han incorporado este criterio, que es por lo demás lo común en las familias de palo seco.


 

times-new-roman
Tipografía Times New Roman, una variante de Times

Si hablamos de cifras, el cuidado debemos tenerlo con tipos antiguos que aún conserven las cifras no-matemáticas, también llamadas “elzevirianas”. En los programas profesionales de autoedición se ofrece la opción de usar éstas o las propiamente matemáticas, pero si vamos a elaborar unos listados, unos esquemas o unas tablas con un programa como Word no cometamos el error de usar cifras no-matemáticas. No tanto porque estén compuestas a partir de un ojo medio y se consideren ascendentes el círculo superior del 8 y el rasgo superior del 6 y descendente el rabito que cuelga del nueve y del 3, sino porque su medida no es siempre la misma, y no podfrán crearse columnas con ellas.


 

cifras elzevirianas
Cifras elzevirianas

 

EL ESPACIO OCUPADO SE TRADUCE EN PÁGINAS

Aunque lo habitual fue calcular la interlínea en puntos, como el tipo, hoy en día se hace en centímetros, o en proporción respecto de la línea maciza (sin blanco añadido). Word, por ejemplo, define la interlínea por defecto de la letra por defecto (la Calibri) en 1,15, o sea, aumenta en 1/6 el espacio respecto a lo que ocupa la línea maciza. En los tipos tradicionales la interlínea cero o maciza (lo que se llamaba 12 al 12, por ejemplo) significaba que no se incluían filetes ciegos entre una línea y otra, pero las letras no se tocaban porque cada una ocupaba el centro del tipo, y por arriba quedaba un vacío llamado hombro. Sin embargo,los tipos antiguos tenían un ojo medio (la altura de la o) más pequeño que los actuales, lo que podremos comprobar comparando un texto de doce puntos compuesto en Bodoni y en Helvética, o su equivalente Arial. ¿Qué sacamos nosotros de ello? Mucho, si sabemos ver: si tenemos un texto de 100.000 caracteres de cuerpo doce y familia Bodoni, con interlínea 1 y sangría de primera línea de 0,7 cm tendremos un bloque de texto de en torno a 38 páginas de correcta visualización en papel pero escasa en pantalla. Si lo pasamos a Calibri 10 con interlínea 1,15 y 5 puntos de separación entre párrafos tendremos en cambio un bloque de extensión similar con visualización correcta en pantalla, pero más pobre en papel, y más maciza. Dependiendo de dónde publiquemos debemos calcular la “magnitud” de nuestro trabajo, para saber si estamos dentro de los parámetros que se nos han exigido. Si las decisiones de una coordinación editorial recaen en nosotros, estos cálculos son imprescindibles a la hora de tratar tanto con el editor como con el resto de los autores. Todo esto viene determinado además por el uso de versales o versalitas, la cantidad de títulos y subtítulos, el uso de columnas y cuantas opciones de diseño de página o composición de texto elijamos. Pensemos que el estándar actual en la impresión “doméstica” es la hoja de DIN A4; con márgenes convencionales de 2,5 cm podríamos usar dos columnas con corondel ciego (el pasillo entre ambas) de 1 cm si el cuerpo elegido es inferior a 12 y el ojo medio es pequeño (tipos clásicos), o una columna si los márgenes son mayores y el cuerpo es 12 o mayor. Así se optimizarán los espacios y la apariencia será buena. Cuando vemos que una página “no funciona” (que la proporción de líneas abiertas en un texto justificado es alta, o que cansa leer después de un rato) es que está mal diseñada.

CONCLUSIÓN: NO TODOS LO SABEN, PERO TODOS AMAN LO LECTURABLE

Como en el buen vino, las características de una lecturabilidad positiva se prefieren “instintivamente”. Se acabará antes la botella de vino bueno, y se tenderá a leer textos con una buena lecturabilidad. Hemos dado algunos consejos para “adaptar” los textos que vemos para mejorarlos en este sentido, y lograrlo nos permitirá mejorar la postura de trabajo y disminuir el cansancio que provoca una lectura prolongada. ¿Es suficiente para introducir en nuestro pequeño diccionario personal esa curiosa palabra, invisible para la Real Academia Española?

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5 Comentarios

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