EL PODER NORMATIVO DE LA REAL ACADEMIA (Y II): SENTIDO E INTERPRETACIÓN DEL TEXTO LEGAL

En la exegética es bastante habitual reprochar al legislador no usar una terminología libre de interpretaciones. Bien por el uso de términos poco concretos, bien por usar términos diferentes a los que, sobre la misma materia, aparecen en otras normas. Es un recurso habitual definir el sentido que en una norma se le quiere dar a un término o expresión, porque la enorme variedad y amplitud de nuestro idioma obliga a veces a delimitar en una sola acepción la palabra que, de otra manera, podría invocarse con varias más. Quizá, como vimos en el anterior post, en fraude de ley. Reflexionemos un momento: resulta más fácil interpretar un texto antiguo por las normas de la Gramática y la Ortografía que conseguir comprender el significado de términos desusados o directamente desaparecidos, o de comprender los cambios evolutivos que se han producido en otros a veces de uso muy común. Todos recordamos que Don Quijote quería bien a Sancho por ser “discreto”, pero aquella cualidad en el siglo XVI no era precisamente la del que no era chismoso y sabía guardar secretos. Del mismo modo, podemos entender el sentido de las contrucciones sintácticas de cada una de las Partidas de que hablábamos el día pasado, pero no sabremos cuantificar ni ponderar ninguna de las medidas de longitud, peso o capacidad que allí se citan. Los términos tienen un nacimiento y una evolución, y contextualizarlos en su momento preciso es crucial para comprenderlos: ¿qué tiene que ver una “sesión” cuando se cita en el cartel de un teatro que otra que se anuncia en un chat de Internet?

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RELATIVOS, INTERROGATIVOS Y EXCLAMATIVOS

Aunque a primera vista identificar las funciones relativas, interrogativas y exclamativas de las palabras parece sencillo, a veces nos topamos con casos donde ya no lo tenemos tan claro. Si escribimos, por ejemplo, Tengo que dejar a los niños y no tengo con quien, cuántos se han ido mentalmente a una asimilación con la oración interrogativa ¿A quién le dejo yo los niños? y han dado por supuesto que el relativo “con quien” (a nadie) en realidad debería cumplir la función interrogativa con quién hacerlo (con quién dejarlos) y debería llevar acento. Del mismo modo, a veces la función dentro de la oración puede no ser nítida, como cuando se dice Cuando la gripe, todo el mundo de baja. ¿Conservamos para Cuando la gripe una función adverbial (Entonces), o le atribuimos una pura función preposicional (Desde la gripe)?

Evidentemente el criterio que manda es del escritor, que sabe qué quiere decir y opta por el camino que prefiere. Pero resulta necesario conocer las pautas para la creación de estas contrucciones, y a ello vamos a dedicar el presente post. Sigue leyendo

ORTOGRAFÍA: SOBRE EL PUNTO Y LAS LLAMADAS DE NOTA

Hoy vamos a comentar una de esas cosas de la ortografía que genera controversia: la colocación de las llamadas de nota y los signos de puntuación. En esto, como en la mayoría de los asuntos referidos a la puntuación, no hay un criterio uniforme. Digamos que somos capaces de llegar a un consenso para dejar de acentuar fue, y vio, pero que otras cosas no las vemos tan claras.

Por mucho que algunos me tilden de “oficialista”, lo primero para mí siempre es echar un ojo a lo que dice la Real Academia. Ya saben, por eso de “Limpia, fija y da esplendor”. Pero que a veces no nos saca de dudas.

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