¿PAPEL O ARCHIVO? REFLEXIONES SOBRE EL SOPORTE DE LA CORRECCIÓN DE PRUEBAS

Prácticamente hasta la entrada del siglo ningún manual de producción editorial aludía siquiera a la corrección directa sobre archivos electrónicos. Los mejores manuales especificaban formas y normas para la corrección, e incluso podían considerarse invocables como obligatorias las venerables normas UNE 1083:1962, sobre marcación de errores en mecanografía, 54-18-76, sobre técnicas de reproducción, y sobre todo la 54-0051-74, sobre corrección de imprenta. Sin embargo, hay que remarcar el hecho de que estas normas se consideraban como de uso profesional, o sea, interno del sector de la edición y las artes gráficas, y que buscaban la estandarización para evitar errores por ambigüedad o desconocimiento  por los profesionales implicados en el tratamiento de los textos editables. Resultaban sin embargo desconocidas por el público en general, y solo autores muy expertos o implicados se movían con soltura en su uso y, sobre todo, en su interpretación, así que cuando los cambios tecnológicos arrumbaron por obsoleta la marcación de las pruebas en papel entre profesionales ello supuso la marginación o directamente la condena al olvido de la estandarización de la marcación.

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DIFERENCIA ETIMOLÓGICA ENTRE VERANO Y ESTÍO, O POR QUÉ AMÉ A ESE HOMBRE

La reflexión que ahora reflejo aquí me vino por revisitación. Cayó hace unos días en mis manos, por casualidad, un tomo de las obras completas de Camilo José Cela Trulock que Destino editó en 1989 y yo adquirí en 1996, seguramente, como era mi costumbre, en una feria o en una librería de viejo. En ese tomo, el 4, se recogían los relatos que vieron la luz con el sugerente título de El Gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovetónicos.Son relatos morosamente compuestos a finales de los años 40 y que mostraban ya el fulgor inmarchitable del estilo de don Camilo, y también esa tendencia a la recreación y la revisitación que durante toda la madurez le acompañó, hasta que seguramente se hartó tras la Mazurca para dos muertos y no volvió a hablar de sí mismo y de sus obras y hechos pretéritos salvo en la televisión y para descojonarse un rato.


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