LA COORDINACIÓN EDITORIAL: HOJAS DE ESTILO (y II)

La semana anterior hicimos una presentación de la coordinación editorial y de lo que significaba para el responsable ponerse al frente de un proyecto editorial con esta responsabilidad. Como ya expusimos, la labor de coordinación adquiere su sentido en dos tipos de obras: las de varios autores, y las colecciones. Evidentemente, el nivel de detalle al que descenderemos en obras de varios autores es mayor que el de las colecciones, pues la coherencia se aprecia de forma más palpable entre partes de un mismo libro que entre uno y otro de una misma colección. Insistir en esto no es baladí, porque el exceso de detalle no es positivo, y una uniformidad excesiva, aparte de encorsetar la obra, seguramente molestaría a los participantes, que se sentirían constreñidos en un traje de la talla correcta pero estrecho de sisa, si ustedes me admiten el símil.

Por ello, en adelante vamos a detallar en qué aspectos es importante mantener la uniformidad, y deducir entonces en cuáles no, frenando a tiempo una tendencia reglamentista tan negativa como la dejadez. Sigue leyendo

LA COORDINACIÓN EDITORIAL: HOJAS DE ESTILO (I)

La labor de coordinación editorial es clave para dar coherencia a una colección o a una obra de autores múltiples. Tomemos aquí la acepción “coordinación editorial” con el sentido que tiene en el mundo anglosajón, centrándola en las materias referidas al proceso de supervisión del proceso multidisciplinar que empieza con la creación de unos originales y culmina con la puesta de éstos a disposición del público (véase el post referido a “las pruebas editoriales”). La otra coordinación, la que que en el mundo anglosajón toma la acepción de “editor”, y “cura” —como cuidado o atención— en el italiano, se refiere a la labor de ideación del libro; a su esbozo; a la creación de su armazón o estructura interna, y en paralelo a su intención última, con el planteamiento de una hipótesis de trabajo que irá desarrollándose en una síntesis y que muchas veces el propio coordinador se encargará de sintetizar, como colofón de demostración o rebatimiento. A esa labor debe designársela mejor como dirección, incluso como dirección intelectual, aunque en la bibliografía encontramos muchos ejemplos de ambas acepciones sin pautas claras de delimitación funcional. Vamos a centrarnos pues en la primera, a delimitarla y a acotarla. Sigue leyendo

LEGIBILIDAD Y LECTURABILIDAD

A veces la Academia nos sorprende con sus limitaciones. Ya sabemos que en un mundo de hombres de letras (y muy concretamente de letras, por cuanto a cada uno le corresponde una) hay disciplinas que no han tenido la suficiente atención. No digamos ya la informática, la ingeniería genética o la mecánica, sino cosas tan de nuestro acervo como la arquitectura. Muchos términos que los arquitectos usan a diario no han entrado “en los marcados grandes de la palabra”, como cantara Silvio Rodríguez, y no por extranjeros, sino por puro desentendimiento. Esta lejanía puede tener cierta coherencia con el funcionamiento de la propia institución: para que una palabra ingrese en el Diccionario debe postularlo uno de sus miembros, que se convierte en su “promotor” (vox ex Academico), y no imagino a muchos académicos a pie de obra para determinar el balasto del relleno entre dos crujías. Sin embargo, sorprende más el desentendimiento en cosas tan de letras como la propia tipografía, como si escribir pudiera ser algo telepático que no requiriera un soporte físico. Este desentendimiento pudiera aquí parecer casi “desprecio”. Ya he hablado en alguna ocasión de la pobre producción tipográfica española y en general hispana, y de que hemos estado al albur de la ampliación de los signos recogidos en familias extranjeras para asegurarnos de poder acentuar, poner diéresis o usar la eñe. Las direcciones de la world wide web han sido el último y sangrante efecto de este retraso, y ni siquiera el nombre de nuestro propio país podemos escribir en la línea de direcciones de un navegador. En el tema de hoy no podemos acudir al Diccionario para que nos aclare qué diferencia hay entre “legible” y “lecturable”. De lo primero nos dice que es “lo que se puede leer” (lo bueno si breve…, debieron pensar); de lo segundo, nada. Pero ambos términos encierran matices que no deberíamos obviar. ¿Cuáles? Sigue leyendo

CONTRAGRAFISMOS: ESTAR O NO ESTAR

Se le denomina contragrafismo a todo el espacio blanco que rodea a los signos que conforman la escritura. La nada, se podría decir. ¿Sí? En realidad no se puede despachar tan fácilmente aquello que, como los mismos fabricantes de tintas y tóner reconocen, es el 95% por ciento del total de la página (los cartuchos de 3.000 páginas durarían sólo 150 si el espacio completo quedara impreso). Ahora que ya sabemos que la materia oscura del universo es algo quizá es el momento de reconocer la importancia de los contragrafismos…

El uso de los contragrafismos es básico en el diseño editorial. Y también en el diseño de nuestros trabajos más modestos. Tuve un profesor que suspendía fulminantemente si:

a) Creabas una carpeta en el escritorio de la interfaz del ordenador.

b) Usabas blancos para rellenar documentos.

Porque, vamos a reconocerlo abiertamente, ¿quién no ha rellenado con blancos cuando no ha sabido cómo solucionar la colocación de algún elemento dentro de la página? “Bueno, así por lo menos se ve”, decimos. Pero aquí debemos cambiar la percepción que tenemos del software de tratamiento de texto: del protocolo WYSIWYG (what you see is what you get) pasamos al WYSINEWTG (what yo see is not exactly what they get). Tan impronunciable como desazonador para quien se lo encuentre. Sigue leyendo