USTED USA EPÓNIMOS. AUNQUE NO LO SEPA (I: QUÉ SON Y CÓMO SE CREAN)

Se dice que los oradores tenían la obligación de comenzar las disertaciones con un chiste. Ahí va uno. El médico le dice al paciente: “Hemos llegado a la conclusión de que padece usted la enfermedad de Brandell-Schulz”. “¿Hay tratamiento?”, inquiere el paciente. Y el médico responde: “Aún no lo sabemos, señor Brandell-Schulz”. Es muy malo, pero nos sirve para empezar a hablar de epónimos, porque un epónimo es ni más ni menos que un sustantivo creado a partir de un nombre propio, o un término compuesto en que uno de sus elementos es un nombre propio, como es el caso del pobre señor Brandell-Schulz.

Usar los nombres propios como comunes es una tendencia al parecer irrefrenable. Hace unos días, el representante del grupo parlamentario Podemos en Castilla y León decía que intentaría que en este territorio hubiese un vistalegre como el de Madrid. Se refería a su pretensión de que hubiese un congreso federal que siguiera el modelo del nacional, celebrado en Madrid en el palacio de Vistalegre. Parece un impulso natural, derivado seguramente de la necesidad de encontrar la fórmula más sencilla posible de crear términos nuevos inmediatamente reconocibles por los hablantes. Sigue leyendo

LA TRAMPA DE LA ANFIBOLOGÍA

De expresarse con claridad ya hablamos en otro lugar (https://adalbertoservicioseditoriales.wordpress.com/2015/10/01/el-hombre-que-susurraba-a-los-autores/). Allí dijimos que la sencillez es sinónimo de claridad, y que la complejidad no lo debería ser de complicación. Es cierto que nos expresamos en un idioma con una riqueza tal que la enorme variedad de matices y significados que otorgamos a palabras y expresiones pueden tener el efecto perverso de adulterar los mensajes si los sacamos de contexto, o si el interlocutor no está en nuestra misma onda sino en un canal diferente. Cuando encontramos un caso de significado dudoso hablamos de anfibología. Según expone la Real Academia, dentro de anfibología cabe doble sentido tanto por error como por voluntad.


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LA DIGITALIZACIÓN DE LIBROS

Cuando Google anunció su ambicioso plan de digitalización de libros editados se desencadenaron todas las tormentas imaginables: los libreros vieron peligrar una vez más su negocio menguante; los distribuidores intuyeron la puntilla de un negocio con tantos inconvenientes que se sostiene porque no tiene más remedio (como le dijo su suegro al proyecto de verdugo de Berlanga, porque alguien lo tiene que hacer); los editores vieron que sus magras ganancias iban a ser mordisquedas por la multinacional insaciable, y los autores o sus herederos a quienes aún protege la normativa sobre propiedad intelectual vieron cómo se abría una ventanilla que aprovechaba la despresurización para aligerar billetes sin control en una atmósfera demasiado amplia para ser sometida a legislaciones nacionales o internacionales.

Como casi todo lo que sucede con la tecnología, por otra parte, este camino era más que predecible. La tan cacareada globalización implica esas cosas, además de tantas otras, y es imposible ponerle puertas al campo.

Sin embargo, la digitalización no es en sí misma un problema. Antes al contrario, es una solución. La penitencia de esperar por una obra importante el turno en una biblioteca, o como en la curiosa obra Hombres buenos en la que Pérez-Reverte autonovela su periplo de visitar los lugares donde los libros duermen para que el lector venga a despertarlos, acudiendo a fondos privados, a archivos recónditos, a librerías de lance, a colecciones de colegas afortunados… no deja de ser algo que vemos que no va con los tiempos, que no responde a la idea de universalidad del saber que se nos vende.

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EL NACIMIENTO DE LAS PALABRAS. EL NACIMIENTO DE LA HUMANIDAD

Es más o menos claro que la comunicación humana es un proceso que corre en paralelo con la propia evolución de la especie. Sin caer en tópicos, podemos asegurar que todos los seres vivos se comunican. No hay gran diferencia entre la comunicación eléctrica que se establece entre las conexiones sinápticas de nuestro cerebro y la que se produce entre algunos organismos unicelulares, que de este modo transmiten sencillos mensajes en código parecido al binario, del mismo modo que debemos admitir la complejidad de sistemas de transmisión de ideas como el que usan las abejas con sus bailes. Sigue leyendo

USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (II: SINTAXIS Y COMPOSICIÓN)

Tras haber dado en un post pasado algunas claves que deberían considerarse sobre la creación y la estructura de los títulos y subtítulos de una obra retomamos el tema ahora para ver cómo llevar lo antes dicho a la práctica. Dicho de otra manera: ya hemos visto cómo hacer que quede aparente la página del índice; ahora vamos a centrarnos en cómo hacer atractivo lo que en él se recoge a lo largo de la obra. Sin ningún tipo de cortapisa, pero con avisos de malas praxis que conviene tener en cuenta.

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JURICIDAD POR JURIDICIDAD: UNA HAPLOLOGÍA NO ADMITIDA

He encontrado bastantes veces ya un término incorrecto en textos jurídicos que tiene visos, a lo que parece, de arraigar. Me refiero a juricidad, como cualidad de jurídico. Quizá por su uso continuado, muchos autores optan por la reducción del término comúnmente aceptado, juridicidad. La razón de este curioso caso de poda lingüística, aparte la pura economía, seguramente será la (supuesta) cacofonía que se produce por la yuxtaposición de dos sílabas muy similares (-dici-) que además vienen pospuestas a otra i más, con lo que pronunciamos tres seguidas. Sin embargo es poco común que en el lenguaje escrito se produzca este fenómeno, y me he propuesto desentrañar un poco qué hay detrás de ello. Sigue leyendo