LA TRAMPA DE LA ANFIBOLOGÍA EN LA REDACCIÓN DE TEXTOS

De expresarse con claridad ya hablamos en otro lugar (https://adalbertoservicioseditoriales.wordpress.com/2015/10/01/el-hombre-que-susurraba-a-los-autores/). Allí dijimos que la sencillez es sinónimo de claridad, y que la complejidad no lo debería ser de complicación. Es cierto que nos expresamos en un idioma con una riqueza tal que la enorme variedad de matices y significados que otorgamos a palabras y expresiones puede tener el efecto perverso de adulterar los mensajes si los sacamos de contexto, o si el interlocutor no está en nuestra misma onda sino en un canal diferente. Cuando encontramos un caso de significado dudoso hablamos de anfibología. Según expone la Real Academia, dentro de anfibología cabe doble sentido tanto por error como por voluntad.


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USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (II: SINTAXIS Y COMPOSICIÓN)

Tras haber dado en un post pasado algunas claves que deberían considerarse sobre la creación y la estructura de los títulos y subtítulos de una obra retomamos el tema ahora para ver cómo llevar lo antes dicho a la práctica. Dicho de otra manera: ya hemos visto cómo hacer que quede aparente la página del índice; ahora vamos a centrarnos en cómo hacer atractivo lo que en él se recoge a lo largo de la obra. Sin ningún tipo de cortapisa, pero con avisos de malas praxis que conviene tener en cuenta.

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¿PAPEL O ARCHIVO? REFLEXIONES SOBRE EL SOPORTE DE LA CORRECCIÓN DE PRUEBAS

Prácticamente hasta la entrada del siglo ningún manual de producción editorial aludía siquiera a la corrección directa sobre archivos electrónicos. Los mejores manuales especificaban formas y normas para la corrección, e incluso podían considerarse invocables como obligatorias las venerables normas UNE 1083:1962, sobre marcación de errores en mecanografía, 54-18-76, sobre técnicas de reproducción, y sobre todo la 54-0051-74, sobre corrección de imprenta. Sin embargo, hay que remarcar el hecho de que estas normas se consideraban como de uso profesional, o sea, interno del sector de la edición y las artes gráficas, y que buscaban la estandarización para evitar errores por ambigüedad o desconocimiento  por los profesionales implicados en el tratamiento de los textos editables. Resultaban sin embargo desconocidas por el público en general, y solo autores muy expertos o implicados se movían con soltura en su uso y, sobre todo, en su interpretación, así que cuando los cambios tecnológicos arrumbaron por obsoleta la marcación de las pruebas en papel entre profesionales ello supuso la marginación o directamente la condena al olvido de la estandarización de la marcación.

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USO CORRECTO DE TÍTULOS Y SUBTÍTULOS PARA CAER BIEN A LOS RESPONSABLES DE UNA EDICIÓN (I: CREACIÓN Y ESTRUCTURA)

Hace ya tiempo hablé sobre la preparación de originales. También, sobre la responsabilidad que cabía a los coordinadores editoriales a la hora de pedir a todos los involucrados en un proyecto respeto por unas normas que concedieran al resultado final coherencia y solidez. En ambos casos lo que aquí escribo es un añadido necesario, porque el uso de títulos y subtítulos otorga a la obra escrita estructura en doble sentido:

  • visual y gráfica de un lado, porque dividirá el texto en partes, epígrafes o parágrafos que permiten la pausa en la lectura y darán pie a la existencia de blancos de cortesía, portadillas, páginas en blanco u otros recursos de diseño editorial;
  • intelectual o argumentativa de otro, estableciendo entre ellos la extensión del desarrollo de una idea, un argumento o una parte del todo de la obra.

Dependiendo del tipo de obra de que se trate estas cesuras o interrupciones van a tener una u otra forma e importancia, y van a estar más o menos predefinidas.

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TEORÍA BÁSICA DE LA REDACCIÓN DE TEXTOS: EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS AUTORES

Esta entrada no es, por así decirlo, doctrinal, en el sentido de que no pretende transmitir información de utilidad a los escritores, como es lo habitual. Con ese atrevimiento del crítico que tiene los redaños de ponerle pegas a obras maestras del cine, este post es una recomendación para quien escribe libros de alguien que no lo hace. Mi excusa es, como siempre, leerlos como si no hubiera un mañana, devorando uno tras otro, sin asimilar, eso sí, y para mi desdicha, ni esto de lo leído.

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PRESENTACIÓN DE TABLAS DENTRO DE LOS ESCRITOS

Cuando se aporta información relevante o explicativa en obras científicas o de divulgación es bastante habitual recurrir al uso de tablas y esquemas que den el apoyo necesario a los argumentos esgrimidos o muestren con un impacto visual inmediato aquello que el texto cuenta.

Siempre marco la diferencia entre la obra escrita en un programa de tratamiento de textos en su forma final y aquella que va a ser transmitida a un editor para que a su través se haga llegar al público. Podría argumentarse que de la primera forma nos vemos obligados a exprimir las posibilidades de maquetación del programa, mientras de la segunda no, porque esos aspectos quedarán de cuenta de quien realice la preimpresión. Pero no es solo por esto, y vamos a desgranar los argumentos y a marcar las diferencias para que cada autor sepa exactamente con qué premisas le conviene trabajar.

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DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? ( Y V: LA CORRECCIÓN DE COMPAGINADAS Y TODAS ESAS OTRAS COSAS QUE LOS CORRECTORES TAMBIÉN SUELEN HACER)

Por lo general, a los correctores se les encargan muchas más cosas aparte de corregir: revisar bibliografías, hacer resúmenes, extractar sumarios, sugerir títulos, extraer palabras clave. Son labores que no considero en sí mismas corrección, y que bien hechas implican conocimientos ajenos a la lengua, el uso de códigos diferentes, pero a veces se entremezclan con la tarea de la corrección. Sea por rentabilizar el trabajo del corrector sumándole tareas paralelas a la propia corrección, sea porque el corrector experimentado es un técnico editorial con una concepción global del proceso editor y puede abordar estas tareas con más seguridad que quien no está acostumbrado al “tratamiento del texto”, lo cierto es que muchas veces el profesional invade competencias de otros (léase traductores, diseñadores, documentalistas o maquetadores) porque no siempre se dispone de una plantilla completa o de la posibilidad de subcontratar todas y cada una de las tareas que exige la edición. Vamos a extender un poco este comentario.

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