¿AÑO NUEVO, ORTOGRAFÍA VIEJA? NOVEDADES DEL 2010 QUE NOS EMPEÑAMOS EN NO APLICAR

La Real Academia editó en 2010 una nueva versión de la Ortografía de la lengua española. Hemos entrado ya en el 2015 y aún hay muchas costumbres que se aferran a nuestro estilo y contravienen las normas que allí se recogen. Y aunque se diga que la alta institución del idioma es comprensiva y de natural bonachona, y que admite excepciones en el uso de las normas que propugna, en realidad en el informe que publicó dejó no ya claro, sino prístino, que las contravenciones no eran admisibles, y en consecuencia no seguir al pie de la letra estas reglas provoca en nuestros textos auténticas faltas de ortografía. Faltas que, evidentemente, yo no podría dejar sin corregir en los textos donde me las encontrara, por mucho que su autor invocara el derecho inalienable a un estilo personal.

NO MÁS Q DE VALOR FÓNICO INDEPENDIENTE

Aunque lo hemos ido corrigiendo, aún nos encontramos a veces Iraq y Qatar en textos al uso. Según la RAE, este uso proviene de una transcripción del árabe incorrecta, y no hay razón alguna para no escribir Irak y Catar. En realidad, todos somos conscientes de que el uso de la k lo reservamos para préstamos de otros idiomas, y por mucho que lo intentemos difícilmente hallaremos una palabra de rancio abolengo donde quepa esta letra. La duda podría estar en si deberíamos usar la c en su lugar, pero como no hay norma debemos ir al casuismo. En función de ello, escribiremos yak, anorak y koala, pero también vivac, y no yac, anorac o coala, ni vivak.

Tiene cierta relevancia esta apreciación cuando de latinismos se trata, porque ahí el tratado se detiene en definir lo que constituye “latinismos crudos” (los no adaptados al idioma), que es donde podríamos respetar el uso de la q, y lo que son adaptaciones o asimilaciones, donde ya no es posible esta permanencia, y que se someten además al resto de las normas ortográficas oportunas, fundamentalmente las de acentuación. En esto nos detendremos más adelante, pues merece revisarse con cierto detenimiento.

ACENTOS MÁS, ACENTOS MENOS

El asunto de las tildes siempre tiene enjundia. Aún algunos, con cierta aura romántica, acentúan fue. Lo hacen desde siempre. Otros, menos, dio. Y aunque ya se había dicho que no había lugar al acento en palabras de una sola sílaba, esas formas perduraban, por mucho que subrayara el corrector automático del Word. Ahora ya hemos de ponernos serios, y acostumbrarnos pronto a los nuevos usos para evitar la falta de ortografía. Hay algunas cosas que debemos tener necesariamente en cuenta, y que buscan sobre todo la aplicación estricta de la norma genérica, sin esas excepciones que vuelven locos a los foráneos.

FUERA LA TILDE DE DIPTONGOS O TRIPTONGOS ORTOGRÁFICOS

Refresquemos algunos conceptos antes de continuar: son vocales “fuertes” o abiertas la /a/, la /e/ y la /o/, y son “débiles” o cerradas /i/ y /u/. Cuando se juntan varias  vocales, y si no vemos tilde, estimamos que el acento está en la vocal abierta si aparecen una abierta y otra cerrada, y en la última si se suman dos débiles. Para romper esta “presunción” acudimos a las tildes.

Ahora, sin embargo, debemos sumar la norma general de acentuación en función de la posición de la sílaba en la palabra. De esta manera, si es aguda y acaba en vocal se acentuará, pero solo si tiene más de una sílaba. De esta forma, acentuaremos desvió, pero no podemos acentuar frio (el pasado simple del verbo freir), por mucho que quisiéramos diferenciarlo de frío, que sí se acentúa por ser palabra llana. Esto es igual para los triptongos, y así en una palabra como guiais no cabe ningún acento sencillamente porque es una palabra monosílaba. No olvidemos que los diptongos no se rompen aunque haya h intercalada, así que una palabra como truhan es aguda y termina en n, pero no se acentúa por ser monosílaba.

FUERA LA TILDE DE LA O DISYUNTIVA ENTRE CIFRAS

Cuando aún escribíamos a mano teníamos mejor caligrafía. Supongo que muchos de nosotros aprendimos a sujetar el lapicero y a hacer muelles con los cuadernos de Rubio, pero ya se sabe que tras aprender se empieza a desaprender, y que cuando empezamos a coger apuntes la letra se nos hizo pequeña y presurosa, y en mayor o menor medida con tendencia a lo críptico y a lo simbólico. Nos parecía obligado ahí usar ese acento entre cifras, porque no había forma de distinguir un cero de una letra o, ni de marcar los espacios suficientes para asegurar la independencia de cada cosa. Acabó ese tiempo, quizá como acabó el tiempo de la propia caligrafía, y ya no se permite ese recurso, bajo amenaza de sanción. Cierto es que las modernas tipografías diferencian suficientemente las cifras de las letras, y que en la mayoría de las familias todas las cifras posibles son matemáticas. Como vimos en otro post, solo algunas familias clásicas ofrecen la posibilidad de usar cifras elzevirianas, y en ellas sí la altura media del tipo coincide con el límite del cero y de la o minúscula, pero estas familias no suelen usarse para textos técnicos o científicos, sino más bien para textos poéticos y literarios, así que el peligro, en obras impresas, es mínimo. Y acostumbrarnos a esta norma seguro que nos resultará más sencillo que a otras.

NUNCA MÁS TILDES EN SOLO NI EN LOS DEMOSTRATIVOS

Ya nos avisaron hace tiempo de que el acento del adverbio solo era innecesario si no había lugar a la confusión con el adjetivo, pues como palabra llana que es, y terminada en vocal, las normas estipulan que la tilde sobra. Ahora nos dicen que el acento sobra siempre, porque la justificación de que haya una palabra con tilde y otra sin él está en realidad en que el lugar de acentuación cambie, lo que no sucede con esta palabra, que siempre es llana. No nos parece muy convincente este argumento, pues aplicado en otros casos no podríamos diferenciar si/sí, mi/mí, te/té, que/qué y tantas otras palabras que se nos califican por la existencia de la tilde, y que sin embargo sí la conservan. Pero es lo que dice la Real Academia, y así lo transmito.

Según ello, y aunque exista riesgo de confusión, la RAE prescribe la eliminación absoluta de la tilde, y la solución de las ambigüedades por lo que denomina el contexto comunicativo, por ejemplo en el orden de las palabras (El coche solo avanzó/El coche avanzó solo), la puntuación (Allí estaba solo él/Allí estaba, solo, él), el empleo de sinónimos (Estaba solo empezando/Estaba solamente empezando) o con la inclusión de un elemento que rompa esa ambigüedad (Solo corrí dos kilómetros/Completamente solo corrí dos kilómetros).

Así pues, atentos a la redacción, y si la ambigüedad aparece solo podré marcarla y esperar su solución, o aportar alternativas y esperar la aprobación de la oportuna. Pero seguro que se darán más casos de los deseados.

En cuanto a los demostrativos, ídem de lo mismo. Olvídense de acentuarlos nunca, porque son palabras llanas o bien terminadas en vocal o bien en s, y en ninguno de los dos casos cabe la tilde. Esta es una simplificación cómoda, y aquí sí que veo más remota la posibilidad de confusión.

LOS PREFIJOS EXENTOS

Como elemento añadido a la palabra que es, el prefijo ha dado a veces problemas a la hora de integrarlo en el idioma. Quiero con ello decir que, como elemento libre que puede o no aparecer, y por la posibilidad que se nos ofrece de innovar constantemente para afinar cada acepción con su uso (y a veces con su abuso), no veíamos muy clara su relevancia dentro de la palabra y su sumisión a las vulgares normas de la ortografía.

Porque desde que algo existe puede ya existir su anti  y su pro, como si némesis y garantes hubiera para cada hecho y persona de esta vida, y también su mini y su súper, mega, giga… en fin, ya saben a lo que me refiero.

Pues bien, después de algunas dudas la Real Academia ha decidido que lo que antes era exento deje de serlo. Parece que ya somos mayorcitos para saber prefijar, y algunas palabras con prefijo han adquirido, podríamos decir, “mayoría legal”. En los casos de anti, pro, súper y cuasi parece que los propios escribientes habían ya inclinado la balanza por el uso unido, y es lo común encontrar supermercado, antibacteriano, provida y cuasiautomático, y nos resultaría chocante ver esos prefijos exentos.

Sin embargo, el caso de ex es bastante particular. Según la nueva norma, siempre se debe escribir unido (exmarido) pero, curiosamente, si buscamos ex en el Diccionario de la propia RAE a través de su página web nos encontramos lo siguiente:


 

ex.

(De ex, prep. lat).

  1. adj.Que fue y ha dejado de serlo. Ex ministro, ex marido.

 

O sea, justifica un uso gramatical de ex porque lo considera un adjetivo que acompaña a un nombre. Y asimismo, ha admitido su nominalización, diciendo:


 

  1. com.Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra.

 

¿Podríamos agarrarnos a esta excepción para saltarnos la norma? Creemos que no, y que el Diccionario sencillamente no recoge la instrucción dada por la Ortografía.

A pesar de todo se admite que hay casos dudosos o excepcionales que requieren soluciones distintas. Por ejemplo, cuando el término afectado no es una palabra, sino una locución, entonces sí se insta al uso separado; por ejemplo, si hablamos de un ex alto cargo, o de un movimiento anti pena de muerte.

Pero hay más. Si la palabra afectada empieza por mayúscula no se quiere contradecir la norma de que una mayúscula no puede quedar en el medio de una palabra, así que se instaura la norma de usar guion: diremos manifestantes anti-OTAN (pero anti Organización del Tratado del Atlántico Norte), y pro-Maduro (pero también pro Nicolás Maduro, en función de la regla previa). Un poco lioso, pero es lo que hay.

Y, POR FIN, TRATAMIENTO ORTOGRÁFICO DE EXTRANJERISMOS Y LATINISMOS

Quien escribe no suele estar pendiente del calendario que los académicos se fijan para ir dando entrada a los extranjerismos que adquieren un tan común uso que merecen sentarse, junto a los términos patrios, en el canto de los tomos de las nuevas ediciones del diccionario. Quizá porque no es común este recurso, quizá porque las soluciones ofrecidas, después de muchas deliberaciones, no han satisfecho al hablante, como pasó con el caso de “cederrón”, que no veo muy a menudo usado. Sea por lo que fuere, el hablante introduce los términos que necesita, y cree que escribirlos debiera ser tan simple como usarlos. Sin embargo, parece que no es así. Si alguien desea usar un extranjerismo, la Real Academia prescribe que debe castellanizarse antes, o si no señalarlo como ajeno y bárbaro “con algún tipo de marca gráfica que indique su carácter foráneo”, según explica (lo común será usar la cursiva, o bien entrecomillarlo). Así, si deseamos utilizar la palabra referida a la más popular bebida alcohólica de Escocia diremos güisqui, según determina el diccionario, y si no whisky o whiskey, en función de si preferimos el uso británico o americano, pero siempre en cursiva. También ballet, en cursiva, pero podemos usar la ocurrencia del diccionario balé, y no, no es del verbo balar, sino de bailar etéreamente sobre las puntas de los dedos. Usar un extranjerismo sin “marca gráfica” sería pues una incorrección, así que afinen la cursiva para escribir hardware y software o atrévanse con járgüer y sófgüer, que queda muy castizo.

En el caso de los latinismos, la asimilación exigida es total, y del latín exequatur no podemos pasar al exequátur al uso, sino que habrá que escribir execuátur, o bien admitir la forma latina (por cierto, la que se usa en todo el mundo, algo en este caso de cierta relevancia teniendo en cuenta lo que un exequatur es). Asimismo, escribiremos cuórum o quorum, y los plurales habrán de ser ya cuoros/quora. Si nos alejamos del uso común, la “marca gráfica” es obligada. La coexistencia pues entre lo asimilado y lo no asimilado tendrá una visualización diferente, y debemos decidir si sine die, videatur, confer  o ad hoc están o no asimilados al uso común. No está de más recordar que en inglés se usan bastantes latinismos sin marca gráfica especial si es precisa su introducción, y que las disciplinas científicas que han hecho uso de estas expresiones las consideran perfectamente asimiladas pese a provenir de una lengua tan antigua. Pero, como dice el refrán, “donde hay patrón no manda marinero”, y en este viaje me cumple solo dar de esta forma un aviso a mis compañeros navegantes.

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2 Comentarios

  1. Pingback: EL ESTILO DIRECTO Y LOS CAMBIOS EN LA ORTOGRAFÍA (II: CÓMO REFLEJAR LA VOZ DEL PASADO) | EL BLOG DE ADALBERTO

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