EL ESTILO DIRECTO Y LOS CAMBIOS EN LA ORTOGRAFÍA (II: CÓMO REFLEJAR LA VOZ DEL PASADO)

El día pasado marcábamos unas ideas generales sobre cómo citar. Hoy vamos a especificar un poco en función del idioma y la época del texto citado, detallando los principales aspectos que debemos tener en cuenta al invitar en nuestro escrito a que otros se expresen en él. A ser mensajero de la voz del pasado.

CITAS EN OTRAS LENGUAS

Entremos ahora en la propia cita. Salvo aquellos autores que son capaces de introducir en una obra escrita en castellano citas en otros idiomas sin acompañar la traducción y quedarse tan panchos (lo que en realidad es como ir a un restaurante y que te dejen elegir vino, postre y guarnición pero no primer plato ni el punto de la carne), en muchos los casos las citas introducidas en otros idiomas son traducciones. Y con esto hay que tener un cuidado especial.

LENGUAS MUERTAS

Argumentos habría a favor y en contra de lo que de seguido voy a decir, y no voy a perorar sobre qué sería lo más apropiado, pero hay algunas consideraciones que es conveniente tener en cuenta:

La primera y más importante es que quizá la cita no sea primera traducción, sino segunda, o tercera, del texto original. Puede que el ejemplo paradigmático sea el de la Biblia, escrita a lo largo de 900 años en arameo, hebreo y griego en libros independientes que fueron traducidos al latín en el siglo IV. De las novedades o adaptaciones sufridas en el proceso se ha escrito mucho, y expresiones o acepciones hebreas o arameas parecen haber quedado sustancialmente modificadas en ese periplo. No es que sea necesario especificar de qué versión hablamos cuando usemos una cita, pero es bueno ser humildemente conscientes de las bondades e inconvenientes de las fuentes usadas.

En segundo lugar, si hablamos de lenguas muertas debemos recordar que hasta el siglo III el latín se escribía solo en mayúsculas, y que no existían los signos de puntuación. De la apasionante historia de cómo aparecieron las minúsculas y cómo, ya en el siglo XV, se ideó el sistema de mayúsculas y minúsculas que ahora utilizamos no corresponde hablar ahora, pero citarlo debe servir aquí para hacernos comprender que la mayoría de los textos de autoridad que se traen del latín son, en realidad, una adaptación ortográfica de los originales, así que ese proceso del que antes hemos hablado se ha producido ya a lo largo de la Historia como un proceso evolutivo lógico (y seguramente que además irremediable). Sacralizar esos textos no deja de tener un componente fetichista que no se acompasa con la realidad.

CITAR EN OTROS IDIOMAS CONTEMPORÁNEOS

Es relativamente reciente el uso “culto” de las lenguas actuales. El latín pervivió como lengua propia de eruditos, y por consiguiente apropiada para la difusión de la cultura, prácticamente hasta el siglo XX. Entre los siglos XII y XVI se produce la fijación de las actuales lenguas romances, y por eso ni siquiera un buen conocedor de la lengua traída a la cita podría quizá desentrañar el mensaje si el texto fue escrito durante la Edad Media o el principio de la Edad Moderna. Pensemos solo en la dificultad que se nos plantea para colegir el significado último de cada una de las partidas que forman la base del sistema jurídico castellano actual.

De todas formas, el uso de esos textos no es muy común. Lo normal es invocar la autoridad de autores de la Edad Contemporánea, o reproducir textos de los grandes literatos o filósofos de los últimos dos siglos. Ello en principio no debe suponer ningún problema, salvo por el uso convencional de signos de puntuación y de caracteres especiales. En alemán, por ejemplo, las comillas convencionales son las triangulares pero invertidas o bien las pequeñas, pero escritas „“. En francés al importar textos tendremos que respetar estos usos, aunque contravengan lo establecido para el resto del texto, porque si el texto es traído de un documento electrónico vendrá con esas características incrustadas, que solo podrían eliminarse de variar deliberadamente el idioma del programa, pues las teclas de cada signo producirían el signo en el idioma oportuno. Si escribimos en francés con nuestro propio ordenador se considera asumible no especificar el cambio de idioma en el teclado y no incluir esos espacios fijos, pero por la facilidad para respetar el idioma que los medios técnicos ponen a nuestro alcance no puedo estar de acuerdo con la permisividad con que en este aspecto se conduce el Manual de estilo Chicago Deusto, al que por lo demás seguimos sin problema.

CITAS TRADUCIDAS

Si la cita es de autor conocido, y sobre todo en textos literarios, puede que la traducción que manejamos sea muy apropiada y conveniente, y que por ello interese conservarla en los términos que el esforzado traductor le dio en el momento de hacerla. Lo que nos sitúa en “inmovilizar” la traducción en la lengua que usó el traductor. Como el idioma evoluciona con el tiempo, puede que nos resulte más “consecuente” utilizar una traducción de un texto francés del siglo XVII hecha por un traductor coetáneo, y que la pátina de sus características lingüísticas le confiera un interesante sentido de contextualización. Pero puede que, por mayor claridad, queramos contemporizar el texto, lo que sería lícito al objeto que buscamos, que es hacernos con el mensaje del autor original, venido a nosotros a través del tiempo. Recordemos que esa fue la justificación de la colección Odres Nuevos de clásicos en español, y que se convirtió en un referente bibliográfico indiscutible.

Pero volvamos, tras este excurso sobre las traducciones, a las normas generales.

CITAR A AUTORES EN EL PROPIO IDIOMA

Hay que recordar que los textos citados no deben necesariamente responder a la hoja de estilo de la publicación en que aparezcan, así que no es preciso realizar ninguna adaptación en el uso de abreviaturas, mayúsculas, cursivas o cualesquiera otros elementos de marcación del texto. Si el encaje dentro de la oración se hace obligado según la Ortografía podríamos decir que a partir de ahí se abre una parcela exenta, un territorio donde no llegan las normas actuales. Podríamos hacer una equivalencia con la irretroactividad de normas perjudiciales para el reo.

Cuando traemos un texto ajeno para citarlo podemos permitirnos ciertas “licencias” para acomodarlo al propio; si dijimos que con otros idiomas los signos de puntuación eran respetables, ahora sin embargo podemos permitirnos ciertas modificaciones, la más lógica —y más abundante— la gradación de comillas, porque las más de las veces la cita ya irá entrecomillada. Así, aunque en la obra original las comillas usadas sean « », al ir dentro de otras en nuestro texto pasarían a las inferiores: “ ”, si usamos « », o ‘ ’, si usamos “ ”. Con esto no contravenimos ninguna norma ni alteramos el texto citado, porque las comillas no son elegidas por el autor deliberadamente sino que responden a un criterio de producción editorial.

No es lo mismo para abreviaturas o usos convencionales. No es justificable uniformar las abreviaciones traídas con las propias, porque ello sí altera el texto, y le resta además ese necesario carácter ajeno.

Sobre la transcripción ¡cuidado! Si bien puede parecer, y así se dice muchas veces, que el idioma fue fijado en el siglo XVII, ello no solo no es así, sino que podemos realizar una datación bastante precisa del año de producción en función de la ortografía. Leídos ahora, los textos decimonónicos nos parecen llenos de erratas, y sin irnos muy lejos (al menos eso quiero pensar yo, que ya acumulo algunos decenios que se asoman al vértigo de cambiar de letra en numeración romana) los dictados de nuestra infancia tenían fués con acento, y diós (de dar), y sólo y éste, cosas que ahora ya no se permiten (sobre el particular me remito a este post pasado). Usar textos de entonces no nos permite actualizar su ortografía, así que debemos reproducirlos tal cual los encontremos. La última modificación importante es de 2010, así que es relativamente común encontrar en los textos citados cosas que actualmente no serían correctas, pero no olvidemos que en su momento sí lo fueron.

Habría quizá mucho más que decir, y por ello no descarto volver más adelante a comentar ciertos detalles de interés. Por ahora lo dejamos aquí, esperando que lo dicho sea de utilidad.

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