DESTRUYENDO EL MITO: ¿QUÉ HACE Y QUÉ NO HACE UN CORRECTOR? (I: EL PROCESO DE LA LECTURA)

Va para veinticuatro largos años ya en que he dedicado mucho tiempo a corregir textos. Al principio uno sabe menos pero confía más en sí mismo, poco a poco se toma conciencia de la enorme extensión de su ignorancia, y por fin, poco a poco también —es sin duda la paciencia la principal de las características del corrector, ya lo adelanto—, se van adquiriendo destrezas y manejando herramientas que permiten valorizar esa labor modesta y oscura, que limpia los canales de comunicación entre el emisor y el receptor del mensaje escrito, mejorándola con la evitación de lo que en Lingüística se denomina ruido. Quizá por eso podríamos catalogarla de labor callada (esto es una broma tan pequeña que no hay más remedio que confesar que lo es para que se sepa).

Pero, en realidad ¿qué hace un corrector? O, expresado de otra manera, puesto que no es muy difícil colegir que un corrector corrige, ¿cómo hace un corrector para corregir un texto?; ¿qué cosas cambia?; ¿qué licencias se toma? Intentaré desentrañar  seguidamente los detalles de eso que algunos consideran algo superfluo y prescindible y que para otros constituye un arcano guardado en un universo paralelo donde es imposible asomarse.

Sigue leyendo