NECESIDAD O INNECESARIEDAD DE UNA PALABRA

Ya desde el título este post tiene trampa. Vamos a hablar de una palabra, eso sí es cierto. Pero no estrictamente de si es necesaria o innecesaria, porque las palabras existen porque tienen un significado, quizá con la gloriosa excepción (trampa de redacción: no falta nada; la gloriosa excepción es, por supuesto, Dios, Yahvé, Alá o aquel que tantos nombres ostenta, sin saber lo que es ni siquiera si es). Vamos a hablar de un curioso neologismo, y de la posición de la Real Academia sobre él. Por supuesto, la palabra es necesariedad.

Cuando uno se mueve en ámbitos académicos cercanos a la filosofía o el derecho palabras como “necesariedad” no son nada extrañas. Su función parece bien clara, y cualquiera sabe a qué nos referimos con ella. Para corroborarlo no podemos atacar de frente, porque el Diccionario rehuye la pelea y el término en cuestión no aparece. Debemos en principio partir de “necesario”. Transcribo aquí la entrada del diccionario electrónico:

necesario, ria

Del lat. necessarius.

adj. Dicho de una persona o una cosa: Que hace falta indispensablemente
para algo.

adj. Que forzosa o inevitablemente ha de ser o suceder.

adj. Que se hace y ejecuta obligado por otra cosa, como opuesto a voluntario
espontáneo.

adj. Dicho de una causa: Que obra sin libertad y por determinación de su
naturaleza.

adj. Der. En el derecho antiguo, dicho de un heredero, especialmente cuando
era esclavo o siervo del testador: Obligado a aceptar la herencia.

f. letrina (‖ retrete).

adv. desus. Por necesidad, necesariamente.

Y sobre el sufijo –dad el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) dice:

-dad. (Del lat. -tas, -atis).

  1. suf. Significa ‘cualidad’ en sustantivos abstractos derivados de adjetivos. Si el adjetivo base es bisílabo, suele tomar la forma-edad.Mocedad, cortedad, terquedad. También la toman los adjetivos terminados en -io. Suciedad, obligatoriedad, precariedad.

Colegimos, así, que para hablar de la cualidad de lo necesario deberíamos decir “necesariedad”. ¿O “necesaridad”? En la explicación sobre la formación del sufijo, el DPD sigue diciendo:

Si el adjetivo es de más de dos sílabas, toma, en general, la forma -idad. Barbaridad, afectuosidad, efectividad. La forma -dad aparece solo detrás de l o nLiviandad, maldad, ruindad. Cuando -dad se aplica a adjetivos verbales en -ble, se forman derivados terminados en -bilidad. Culpabilidad.

No hay duda entonces, a partir de lo que leemos, de que la derivación será “necesariedad”, y no “necesaridad”, como en algunos lugares he visto escrito. De uso tan común es en ciertos ámbitos el término que tiene su antónimo, “innecesariedad”, y ambos se usan en su concreta función nominal, a partir de la adjetiva.

De hecho, al buscar el término en el Diccionario Panhispánico de Dudas recoge lo siguiente:

necesariedad. → necesidad.

Es una remisión clara, y quizá más habitual de lo que nos apeteciera encontrar, pues hurta ofrecer soluciones ni explicaciones y resuelve convirtiendo la palabra en un sinónimo exacto, sin matices.

Pero como al encontrarlo con diferentes soluciones de sufijación la duda obliga, acudo a la propia Real Academia para que lo solucionen. Y puede que lo que la institución ofrece no satisfaga a muchos.

Transcribo el mensaje que la Real Academia me envía sobre el asunto:

 “El DPD censura el uso de necesariedad y recomienda necesidad:

     necesidad. ‘Hecho de ser necesario’. No se justifica el uso del término necesariedad, creado por analogía con innecesariedad: «Reconocía la necesariedad de incluir siempre […] alguna actuación propia» (Abc [Esp.] 25.7.89); debió decirse Reconocía la necesidad.

En cuanto al sufijo –dad, el DPD indica que propone una serie de pautas orientativas, pero hace la salvedad de indicar que su comportamiento no siempre es predecible. Lo cierto es que, en el caso del neologismo innecesariedad, esa es la forma que goza de amplia mayoría”.

De todo lo dicho vemos:

  1. Se considera que siempre y en todo caso “necesariedad” se puede sustituir por “necesidad”.
  2. Da por entendido que “innecesariedad” es de uso común, y por ello admite que el sufijo –dad lleva el conector –e– tras la raíz necesari-.

Sin embargo, el ejemplo que da para mostrar que “necesariedad” es sustituible por “necesidad” es bastante torpe, y está claro que el periodista simplemente confundió el término, porque en ningún momento pretendió escribir que el sujeto de su oración reconocía la “cualidad de necesario” de nada, sencillamente porque la oración así tomada simplemente no tiene sentido.

Veamos pues cómo define “necesidad” el Diccionario, para ver si engloba todos los matices pretendidos:

necesidad

Del lat. necessĭtas, -ātis.

  1. f. Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.
  2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.
  3. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.
  4. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.
  5. f. Peligro o riesgo ante el cual se precisa auxilio urgente.
  6. f. Evacuación corporal de orina o excrementos. U. m. en pl.

De las seis entradas principales ninguna corresponde a la que citaba el DPD, “hecho de ser necesario”, y en el resto, donde recoge los usos habituales, tampoco.

¿Hay entonces causa para este neologismo? A poco que se analice parece que sí, porque “necesidad” no cubre en todas las posibilidades abiertas la significación de “cualidad de necesario” sin riesgo de confusión.

Acudir a la Gramática no ayuda mucho porque funciona a modo de compendio, y en 6.1.1 explica que –idad, -dad y –tad son los sufijos más productivos para generar sustantivos a partir de adjetivos, todos ellos derivados del latín. En esta misma obra vemos que juzga como derivados en español tales términos, aunque ya existían en latín. Y puede que ahí tengamos la solución: importados, los derivados que conocemos (amenidad, sequedad…) no necesitaron su decantación en castellano, sino su aplicación, su asimilación, sin más. Los neologismos se crean cuando son precisos (cuando son necesarios), y quizá haya que justificar esa necesidad para poder usarlo. Así, podemos encontrarnos con un ejemplo como el siguiente:

“El Gobierno dictaminó que no se hacía preciso que todos los soldados debían vestir el mismo uniforme. Esta innecesariedad alivió el gasto en pertrechos”.

La construcción no nos parece incorrecta, porque “innecesidad” es término extraño y sin embargo “innecesariedad” estamos más habituados a verlo.

Pongamos ahora la oración variando su sentido:

“El Gobierno dictaminó que se hacía necesario uniformar a las tropas”.

¿Sería equivalente decir “esta necesariedad disparó el gasto en pertrechos” que decir “esta necesidad disparó el gasto en pertrechos”?

En realidad las tropas no necesitan los uniformes, ya imaginamos que de otro modo no irían en pelota, sino simplemente desuniformados; otra cosa es que la autoridad haya establecido que ese requisito sea necesario para su pertrecho. ¿No parece lógico que “innecesariedad” tenga como antónimo “necesariedad”, o que el hablante lo use como tal, en lugar de extender el sentido de “necesidad”, porque parece englobarlo en general? ¿Es justificativo el matiz para generar el término?

Desgraciadamente no hay quien posea la solución. Me veré obligado a comunicar a los autores que lo usen que van por libre, que la Real Academia no los ampara. ¿Los frenará? Seguro que no. Si el uso decae o se reconoce irrelevante o superfluo acabará en desuso y dejará de aparecer en textos escritos. O quizá en la próxima edición se haga un hueco. Lo cierto es que los términos se hacen cada vez más precisos, y que cada vez se precisa más la terminología empleada para esquivar el riesgo de error o confusión. Mientras los inuit poseen nueve formas diferentes de denominar al color blanco nosotros tenemos una, que tenemos que acompañar de adjetivos “metafóricos”, contra toda economía lingüística. Nunca los necesitamos, es cierto. Pero si los necesitáramos ¿inventaríamos las palabras?

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