EL ESTILO DIRECTO Y LOS CAMBIOS EN LA ORTOGRAFÍA (I: NORMAS GENERALES)

Conocemos como estilo directo la reproducción exacta y literal de un texto ajeno introducido en uno propio. En el estilo directo nos atenemos completamente al origen y plasmamos las ideas de otro, en general en busca de autoridad. Tras esta definición sencilla se esconde en realidad algo bastante más complejo, y a veces el uso indebido provoca la contravención de las normas editadas por la Real Academia (las terribles faltas de ortografía, con las que algunos todavía sueñan desde los tiempos estudiantiles).

ESTILO DIRECTO Y NO DIRECTO, PERO CASI

En realidad, cuando hablamos de estilo directo deberíamos especificar algo más. En puridad, es directo el estilo en que el inciso aparece con ajenidad al resto del texto, como cuando escribimos

… según dijo Estrabón: “Ciudad grande, soledad grande”.

En contraposición, sería indirecto decir

… dijo Estrabón que ciudad grande, soledad grande.

Pero nos hemos acostumbrado a un estilo intermedio, que podríamos denominar semidirecto, en que nos encontramos con esta forma de expresión:

… ya dijo Estrabón que “ciudad grande, soledad grande”.

Como podemos comprobar, se respeta la dicción literal, como no podía ser de otra forma, pero el aforismo ha quedado introducido gramaticalmente como un elemento más de nuestra propia oración, así que quien lo escriba debe preocuparse de acomodar las concordancias oportunas en su uso.

CITAR CON LA ORTOGRAFÍA POR BANDERA

Como podemos ver, en este último ejemplo “ciudad” ha pasado a minúscula; y así debe ser, por cuanto es norma de la Real Academia que los elementos dentro de la oración deben escribirse conforme al lugar de la oración que ocupan, y no hay justificación para que a mitad de la oración aparezca una mayúscula. Por mucho que en origen ese aforismo o sentencia lo veamos con mayúscula, al usarlo debemos cambiarlo. Si reflexionamos un momento, muchos aforismos y frases hechas tenían completud en origen, y el uso ha hecho que las introduzcamos en nuestro discurso sin extrañarnos de que no inauguren la oración. Quizá nos resulta más extraño si de un texto moderno se trata, y por eso muchos autores comienzan, indebidamente, las citas semidirectas con mayúscula. Si este argumento no nos convence siempre podemos volver a los socorridos dos puntos, pues tras ellos, según dice la Ortografía, el texto puede comenzar tanto con mayúscula como con minúscula.

Ojito sin embargo con la continuidad tras la cita, pues si comenzamos esta en mayúscula no podemos justificar continuar tras ella la oración comenzada antes de los dos puntos; eso es trampa y está muy feo.

Tampoco es necesario al comenzar una cita iniciarla con puntos suspensivos (que, recordemos, irán separados con espacio del propio texto), ni siquiera cuando el comienzo de la cita no coincide con principio de oración; aunque tampoco son incorrectos, pues su uso está aceptado. No consideramos sin embargo correcto que a principio de cita aparezcan los suspensivos entre paréntesis o corchetes, pues esta convención marca un texto elidido y, obviamente, ya sabemos que antes de un texto en curso algo debía haber. Si el recurso se usa a lo largo de la cita debe hacerse siempre igual, no resulta aceptable usar una vez sencillamente los suspensivos, otra los encerrados entre corchetes y otra más los entre paréntesis.

Podríamos considerar una excepción la elisión de una concreta palabra que queremos dejar oculta, pues ahí podríamos usar suspensivos entre espacios aunque hubiéramos usado cualquier otro método para marcar la ausencia de partes de texto. La convención dice que, si no es este el caso, al usar suspensivos con la función de marcar saltos en el texto estos deben ir pegados a la palabra previa y con espacio por detrás.

¿Hay que dejar los signos de puntuación elididos? Aquí nos remitimos a las normas ortográficas convencionales, pues el objeto de la cita es que su lectura nos permita hacernos una idea cabal de lo que el autor quiso transmitir. Lo normal es que haya que eliminar comas y puntos antes de la marca de texto ausente, y por supuesto no podemos colocarlos tras paréntesis o corchete. La necesaria ilación debemos lograrla introduciendo dentro de la marca lo que pudiera ser necesario, incluso un verbo que en el original no se recogía en la forma necesaria a nuestros intereses (o de ninguna otra), y sin el cual la comprensión del texto se vea comprometida.

Hasta aquí las normas generales. El próximo día hablaremos de las peculiaridades de las citas en lenguas muertas, extranjeras y traducciones, y de otras que sería siempre bueno tener a la vista cuando traemos textos de otro a nuestro propio texto.

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