COSAS DE FAMILIA. VARIEDAD Y CONFUSIÓN EN LA NOMENCLATURA FAMILIAR (Y III: LA FAMILIA EXTENSA)

La definición exacta de las situaciones de pareja que veíamos la semana pasada es necesaria, como dijimos, por las obligaciones y compromisos económicos adquiridos y por las implicaciones hereditarias derivadas, no tanto en la línea descendente como en la ascendente y en las colaterales, donde pueden surgir los conflictos.

Pues bien, a pesar de haber dejado demostrado que las comunidades de concubinato y de barraganía podrían implicar derechos y obligaciones para la familia extensa, ningún término existe que defina al ascendiente del concubino o del barragán, y tampoco hay equivalentes a cuñados, nueras o yernos; ni siquiera hay forma de nombrar al hermano del concubino. ¿Será el tiempo y la necesidad quienes los creen? En ello debemos confiar, pues el idioma, enfrentado a una parcela ignota, no nos auxilia en nada en estos casos. Sí en cambio en la descendencia, sin duda porque las situaciones posibles son tan antiguas como las propias instituciones. Veámoslo, nos vamos a sorprender.

LA MALA FAMA DE LA MADRASTRA

Respecto de los hijos la cosa pareciera estar más clara, pero no es así. Claro que un hijo es un hijo, y la única diferencia entre hijos solo puede ser entre biológicos y no biológicos, una vez abolida la “ilegitimidad” de los nacidos fuera del matrimonio. Pero a veces se convive con hijos de otro, y si han dejado de usarse porque parecen peyorativos los términos “padrastro”, “madrastra” e “hijastro”, ni siquiera hay recambio dentro del matrimonio, y mucho menos fuera de él, por más que algunas teorías civilistas empiezan a preguntarse si la convivencia continuada con un hijo ajeno no adoptado no genera derechos y obligaciones que deberían atenderse en determinados casos. Si el concubinato es una relación similar al matrimonio, y en la barraganía vimos que era común la descendencia ¿no sería lógico plantearse este tipo de cosas?

Puede que la etimología de “padrastro” se ponga del lado de quienes recelan de este término, del que derivan los demás, porque en la definición de la Real Academia se admite que proviene de ‘padraster’, que define como “despectivo” de padre. O sea, un padre de segunda. Incluso alguna acepción resulta demoledora. Transcribo completo el artículo extraído del Diccionario electrónico:

padrastro.

(Del lat. vulg. patraster, -tri; despect. de pater, padre).

  1. m.Marido de la madre, respecto de los hijos habidos antes por ella.
  2. m.Mal padre.
  3. m.Obstáculo, impedimento o inconveniente que estorba o hace daño en una materia.
  4. m.Pedazo pequeño de pellejo que se levanta de la carne inmediata a las uñas de las manos, y causa dolor y estorbo.
  5. m.dominación (‖ lugar alto que domina una plaza).

En inglés el equivalente es step-father, “casi padre” o “a un peldaño de ser padre”. Es claro que no es término que nadie presumiría de ostentar. Sin embargo, sucede que en castellano no es el único término existente para definir a quien convive con los hijos de su pareja. Dice el tomo V del Diccionario de Autoridades de 1737:

PADRASTRO. s. m. El hombre casado con muger que tiene hijos de otro Matrimónio, respecto de los quales se le da este nombre. Latín. Vitricus. REBOLL. Ocios, rom. 60.

O sea, da como equivalente romano de padrastro no “patraster”, sino “vitricus”, un término que, sin ningún ánimo peyorativo, calca el significado castellano de “padrastro”. Por más que padrastro se use al menos desde 1275 (primera aparición recogida en el Diccionario Histórico de la Real Academia), el “tufo” de término indeseado parece provenir de una realidad histórica donde cualquier alejamiento del planteamiento nuclear de la familia que vimos en el post pasado merecía al menos el vituperio terminológico. ¿Sería entonces indeseable volver a los orígenes para “reinventar” el término? Yo diría que no, y que “vitricio” y “vitricia” podrían venir, con nuevo vigor, a sustituir a los términos arrumbados por “obsoletos”.

… Y EL BALDÓN DE SER HIJASTRO

¿Y qué hay de los hijos? Para ellos es mucho más fácil, porque existe un término sustitutivo de “hijastro” completamente castellano, aunque ha sido olvidado: se trata de entenado. Dice el tomo III del Diccionario de Autoridades de 1732:

ENTENADO, DA. s. m. y f. El hijo o hija que nacieron antes, y llevan al Matrimonio los que de nuevo le contrahen y passan a segundas nupcias. Viene del Latino Antenatus. Latín. Privignus, et Privigna.

Y acompaña el siguiente ejemplo:

La Reina de Aragón sospechaba que desde que el Rey su marido finasse, que el Infante D. Pedro su entenado tuviesse los Reinos de Aragón en su poder.

Y abunda más:

MEX. Hist. Imper. Vid. de Diocleciano, cap. 1. Constáncio Cloro dexó a Helena, de la qual tenia yá un hijo llamado Constantíno, y casose con Theodora entenada de Maximiano.

Incluso incluye un refrán que lo incluye, lo que debe dar idea de la extensión del término en su momento:

La madrastra y entenada siempre son en baraja. Refr. cuya verdad manifiesta y acredita la experiencia: porque siendo natural el amor y cariño a los hijos proprios, raras veces se encuentra en las madrastras para con los hijos ajenos. En lo moral enseña que con dificultad se avienen los que son de genios y condiciones no conformes.

Entre los recursos más antiguos, el diccionario de Casas (1570) lo recogía ya como sinónimo de “figliastro”. Para Núñez de Taboada (1825) es entenado “el hijo o hija que llevan del primer matrimonio los que contraen segundo”. En el Diccionario de Alemany y Bolufer de 1917 se da como sinónimo de “ainado”, y en el Rodríguez Navas del mismo año de “hijastro”.

En los diccionarios bilingües más antiguos, ya Stevens (1706) le da como sinónimo de “son in law”. Asimismo, Percival (1591) le da el matiz de “wives’ sonne”, aparte de “sonne in law”.

Queda claro entonces que este término podría recuperarse como sustituto de “hijastro”, pues evidentemente no define a un hijo “de segunda”, sino a quien uno de los miembros aportó como previo a la unión.

LA LIBERTAD DE LA MANCEBÍA

La libertad de cada miembro de una pareja libre catalogada como mancebía dejaría claro el hecho de que los dependientes de uno no serían en absoluto dependientes del otro (lo que parece apetecible y hasta conveniente en uniones tardías de personas con abundantes cargas a las que no se puede descuidar), así que en este caso no habría lugar a nombres de familia extensa alguna.

CONCLUSIÓN

Evidentemente, esto no puede ser una propuesta de lege ferenda, porque no es función del legislador crear sustantivos, pero tampoco se hace ningún favor arrumbando la terminología tradicional por los tintes peyorativos que la evolución del cristianismo les ha dado. Revisados todos, hemos visto que solo los derivados de “padrastro” poseen en sí esa cualidad peyorativa, que creemos se solventa con las soluciones aportadas. El pasado no se puede modificar, por mucho que algunos lo intenten, y debemos aceptar ya que deberíamos renegar de las acepciones infamantes de “concubino”, “barragán” (que existe incluso como apellido, lo que no sucedería si realmente fuera un insulto) y “mancebo”, igual que de las peores acepciones de “judío” o de “gitano”.

La polvareda levantada por la permanencia de algunas acepciones vejatorias de entradas relativas a grupos humanos o culturales en las actualizaciones del diccionario de la Real Academia se debería haber resuelto catalogando las acepciones insultantes de “peyorativas” y “arcaicas”, eliminando de una vez el barniz oscuro de unos términos redimidos, y quizá así también conseguiríamos recuperar otros que tan útiles y necesarios son en la sociedad actual.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s