FELICITACIÓN NAVIDEÑA GRAMATICAL, SEMÁNTICA Y ETIMOLÓGICA

Ya están aquí las señaladas fechas en que todos nos sentimos generosos y bondadosos; ya no pitamos a los infractores circulando ni nos sulfuramos con las cosas que tiene nuestro cuñado, que nunca sabemos de dónde las saca. Nos hacemos personas de palabra, y de obra: procuramos portarnos bien, y además queremos expresarlo. Durante mucho tiempo, aplicando la mejor caligrafía, los deseos se mostraban en tarjetas que volaban a todos aquellos que sentíamos cercanos. Entonces el público se concentraba y esmeraba el mensaje, o bien, como se dice siempre que es la mejor demostración de admiración, se copiaban los mejores, convirtiéndolos al final en socorridas muletillas. En este mundo impío que hoy vivimos seguimos deseando cristianamente, y a nadie se le caen los anillos por hacerlo.

Decir que la Navidad es una fiesta cristiana es una boutade, claro, pero no está de más escarbar un poco en los orígenes de la felicitación navideña para ser propios y claros. En primer lugar, descubriremos que no es correcto felicitar las Navidades, porque no hay más Navidades que una al año, porque Navidad viene de natividad, que es nacimiento, y lo que se conmemora es el nacimiento de Jesucristo (que la fecha fuera el 24 de diciembre, con lo voluble que se ha mostrado el calendario desde que los antiguos griegos le dieran el nombre es otro cantar, en este caso quizá otro villancico). Según Antonio Burgos dice en ABC, la variación proviene de la contaminación del inglés Christmas, que acaba en ‘s’. Yo no soy quién para discutirlo. Como festividad cristiana, la Navidad abarca desde el día 24 hasta el día de Reyes. Sin embargo, también podemos usar la alternativa más desusada, ¡felices Pascuas!, ya que la pascua hace referencia a cada evento relacionado con la vida de Jesucristo, y durante la Navidad acaecen varios. Por eso en este caso es correcto el plural.

Si queremos ignorar que hoy en día esta celebración es eminentemente cultural y no estrictamente religiosa, o nos parece que en otras religiones se podrían sentir ofendidos por esa invocación al líder del Cristianismo (ese anglicismo queda un poco chocante, pero es etimológicamente muy apropiado, porque el Cristianismo es la religión de los seguidores de Cristo) podemos optar por el socorrido ¡felices fiestas!, políticamente mucho más correcto. Quizá podríamos pensar que así dicho no concreta mucho, pero como dije al principio el espíritu navideño nos posee y transforma, y sólo asimilamos felicitar a alguien las fiestas cuando son estas, y no cualesquiera otras, así que la acepción es también suficientemente exacta.

Desde un punto de vista gramatical observemos que expresamos ese deseo con un imperativo: ¡(Ten/tened) feliz Navidad! Un deseo de que la felicidad que le suponemos a estas festividades o conmemoraciones sea extensiva y contagiosa. También decimos ¡feliz año nuevo!, y ahí se lo pueden tomar ustedes como la fecha exacta, el día 1 de enero, día de Año Nuevo en el calendario católico, o por extensión a todo el ejercicio. Si vamos por lo estricto podemos pecar un poco de escasos, porque el día del Año Nuevo suele ser breve en experiencias porque se inauguró en vigilias más o menos divertidas y justificadas, y siendo de los días con menos horas de sol transitamos por él un tanto sonámbulos y desvencijados. Si pretendemos abarcar hasta el siguiente San Silvestre la felicidad es la mejor de las recomendaciones, ello es cierto, pero por vintage que quede, y a la vista de esta situación de penurias económicas que nos ha tocado vivir, no me resisto a reivindicar el manido ¡próspero año nuevo!, ya que así deseamos que el año sea “favorable, propicio, venturoso”, como dice el Diccionario de la Real Academia. Fíjense ustedes que tanto favorable como propicio se vinculan a la inclinación de los acontecimientos, y que sólo venturoso se relaciona directamente con la mejora y el progreso. Quizá debiéramos entender que es próspero el que tiene prosperidad, definición que recogemos a continuación:

prosperidad.

(Del lat. prosperĭtas, -ātis).

  1. f.Curso favorable de las cosas.
  2. f.Buena suerte o éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre.

Ello querría decir que estamos, simplemente, deseando buena suerte. Pero observemos lo que el Diccionario entiende por ventura:

(Del lat. ventūra, pl. de ventūrum, lo por venir).

  1. f.felicidad.
  2. f.suerte.
  3. f.Contingencia o casualidad.
  4. f.Riesgo, peligro.
  5. f.ant. Suceso o lance extraño, aventura.

Quedémonos, claro, con la primera acepción, y pasemos de puntillas sobre la cuarta, que parece una broma. Pero es que hay más. Otra acepción recogida es:

venturo, ra.

(Del lat. ventūrus, part. fut. act. de venīre, venir).

  1. adj.Que ha de venir o de suceder.

O sea, que desear un año próspero es desear un año con suerte, feliz y que ha de venir (entendamos esto también como un imperativo de deseo que conjure el final del ovillo de nuestra pobre existencia; o sea, que, como tituló su propia vida el genio García Márquez, vivamos para contarla).

Para transmitir estos deseos felicitamos a las personas, de la manera que se nos ocurra. El origen de felicitar es el verbo latino felicitare, que significa hacer feliz, forma que aún se conserva, si bien con el apelativo “desusado”, en el Diccionario actual. ¡Qué hermoso, ¿no es cierto?! Pero si en su origen era tan bello, al evolucionar se hizo todavía más bello, pues la primera acepción actual dice que felicitar es “Manifestar a alguien la satisfacción que se experimenta con motivo de algún suceso fausto para él”. Si no aprecian la mejora  pónganlo a prueba: ¿qué es más hermoso, que un hijo nos haga felices simplemente por existir o que crezca con un corazón tan puro que sea feliz viendo nuestra felicidad?

A riesgo de exceso de azúcar me atrevo a pedirles que feliciten sin postales (vale, aceptamos christmas como animal de compañía), que vivan y disfruten de todas las prosperidades que la fortuna ponga a su alcance, que sean ampliamente venturosos y que canten jubilosos todos los villancicos que recuerden sin atender demasiado al significado de sus letras, descansando su corazón en la blanda almohada de su simbólica poesía.

¡Ah! Y feliz Navidad.

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