HERRAMIENTAS DE TRANSCRIPCIÓN DE TEXTOS

A veces, los investigadores no manejan sólo fuentes escritas. Cuando el trabajo incluye el contacto con protagonistas que no se dedican a la comunicación, lo habitual es concertar con ellos entrevistas. Del mismo modo sucede cuando se convoca una importante junta empresarial, o cuando se produce una declaración ante notario, o cuando  se producen actos de arbitraje o conciliación. Para dar fe de todos estos eventos sólo habría documentos audiovisuales, pero quizá los interesados pretendan que lo allí dicho se manifieste sobre el papel, para que quede así constancia en un medio universalmente consultable, como aún es el escrito.

Acostumbrados a los taquígrafos de juzgados y parlamentos, a poco que reflexionemos nos daremos perfecta cuenta de que las fuentes sonoras se transforman en fuentes escritas por inveterada costumbre, y que les conferimos una veracidad suficiente como para asumir el sustituto como si fuera el original.

A día de hoy incluir documentos sonoros dentro de nuestros documentos escritos es una opción viable, y los sistemas operativos de uso común incluyen sencillas y prácticas herramientas de grabación. Con un simple ordenador portátil, y teniendo en cuenta que la entrada del “jack” de los auriculares puede funcionar como clavija de un micrófono, cualquiera dispone del equipo necesario para crear archivos de audio con el contenido que más le interese. Posteriormente, los tratamientos de texto habituales permiten la “inserción” de estos archivos en un lugar del documento que aparecerá como un icono que nos permitirá “clicar” en él para lograr su reproducción. Es esta una solución, pero la necesidad de transcribir los textos nos hará necesario buscar la mejor manera de hacerlo. Y para ello emplearemos algunas herramientas de uso relativamente sencillo y fáciles de obtener.

TRANSCRIPCIÓN AUTOMÁTICA DE VOZ A TEXTO

En los años 90, las antiguas tarjetas de sonido incluían algunas pequeñas y muy prácticas utilidades que convertían el texto escrito en voz. Con ellas se conseguía que un sencillo sintetizador “leyera” con una voz metálica y de escasa modulación documentos guardados en los protocolos txt y rtf. Era el inicio de un camino para la interrelación entre voz y texto, y aunque muy inicial y simple quiero citarlo como homenaje a la innovación, pues a mí mismo me sirvió para corregir en papel más rápido, sin necesidad de cotejar de continuo el original, como entonces se hacía.

En el camino contrario, y ya con la orientación que hoy nos interesa, IBM creó un programita llamado VoiceType, el más veterano de los programas de conversión de voz en texto. Tras él apareció ViaVoice, que comenzó a comercializarse en 1997 una vez que se comprobó su enorme y variado potencial aplicativo. En un principio la aplicación estaba pensada para que una persona pudiera evitar el tecleado de un texto, y por ello la herramienta era personal y personalizable, y había que practicar bastante para que entendiera a su “dueño”, en un trabajoso camino de entrenamiento. Su utilidad para personas con discapacidades era incuestionable, y la aplicación se extendió rápidamente.

ViaVoice se fue perfeccionando con el tiempo y, por esos avatares que tiene el mundo de la empresa, hace unos años (en 2003) IBM vendió los derechos de distribución de ViaVoice a otra empresa, ScanSoft. Esta empresa es, precisamente, la creadora de la herramienta más conocida para la asistencia en la transcripción de textos, Dragon Naturally Speaking, que reúne las potencialidades de un programa de reconocimiento de voz más la posibilidad de transcripción controlada. En principio la idea del programa es el volcado directo de la voz, pero como también incluye la interacción con grabadoras (incluso se ofrece la opción de comprar un aparato grabador, el Philips Digital Voice Tracer 3200), se habilitó la posibilidad de que transcribiera archivos de audio, con lo que enlazamos con la idea de la transcrición de que antes hablamos.

LA ASISTENCIA A LA TRANSCRIPCIÓN. PROGRAMAS DE AYUDA A LA TRANSCRIPCIÓN MANUAL

Parece que después de haber hablado de Dragon Naturally Speaking, cualquier cosa más lenta y menos automática parece obsoleta y poco práctica. Sin embargo, el programa en cuestión sigue sin dominar la transcripción en entornos, digamos, poco “amigables”. En los ejemplos que veíamos al principio no se recogía ese dictado personal al que vimos que se destinó ViaVoice, y si complicado debe ser transcribir las palabras consecutivas de un entrevistador catalán y de un entrevistado andaluz, con su propio acento y modulación, imaginemos la prueba de fuego que podría ser conseguir transcribir una junta de vecinos “al uso” sin que el mismísimo HAL 2000 se revolviera en su tumba, con esa castiza falta de respeto por el uso de la palabra y con abundantes participaciones extemporáneas de varios hablantes a la vez. Demasiado para cualquier máquina, sin duda.

Por ello existen programas que sirven al objeto de auxiliar al mecanógrafo en la labor de transcribir el contenido de archivos de audio. Estos programas poseen una interfaz donde escribir el audio que se va reproduciendo, pero también admiten el uso simultáneo de programas de tratamiento de texto como Word. Para que haya una constancia exacta de la relación entre lo transcrito y el audio original, los propios programas marcan (si se desea) el momento en que se produce la intervención en horas, minutos y segundos.

El más famoso es F4, que posee una versión de prueba gratuita que permite la transcripción de unos minutos de cada pista de audio antes de detenerse. La versión más completa, sin embargo, no es demasiado cara, y no llega a los 80 euros. Para controlar la reproducción del sonido permite usar determinados atajos de teclado, pero también se pueden utilizar, opcionalmente, pedales que permiten la interrupción, la reanudación y el control de velocidad de la reproducción en curso.

Otro de los más usados es Express Scribe. En su versión más básica, que es perfectamente funcional, es completamente gratuito. Sólo si se desean las opciones más avanzadas es preciso adquirir la versión de pago, que cuesta 30 dólares. Usa asimismo pedales (que se compran aparte, obviamente) y posee un montón de programas “hermanos” que se pueden comprar simultáneamente y procuran satisfacer necesidades específicas de quienes se dediquen profesionalmente o con asiduidad a estas labores.

Para finalizar, también hay aplicaciones que no debemos descargarnos, sino que se ejecutan desde su propia página web. Es el caso de TalkTyper, que no ofrece todas las opciones de los programas anteriores pero sí nos permite salir del paso en caso de una necesidad puntual. A través de una sencilla interfaz nos guía para obtener el archivo deseado a partir de la pista de audio ejecutada.

talktyper

Pero para quienes se acerquen a estas aplicaciones de forma ingenua un aviso: la transcripción puede ser tediosa y muy compleja, y el trabajo que exige es además mucho y de la máxima atención. La ponderación que se hace en estas labores es que, en pistas de audio de contenido complejo, la hora de reproducción puede equivaler hasta a ocho horas de transcripción.

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