ESTILO DIRECTO Y ESTILO INDIRECTO (I)

Traer la opinión o la autoridad de alguien a nuestros escritos es un recurso habitual en los textos científicos. Las hipótesis de trabajo se confrontan con las de otros estudiosos, y cada aspecto puede reforzarse colacionando lo que inspiró al resto, apoyándonos en ello o bien rebatiendo lo que lo contradiga. Evidentemente, es más exacto el recurso al estilo directo en estos casos, y de la literalidad de las palabras el lector podrá deducir cómo de divergentes o de coincidentes son los argumentos que lee. Teniendo en cuenta además las herramientas actuales de búsqueda y comparación de textos científicos, un uso indebido y desproporcionado del estilo indirecto puede afectar incluso a la reputación del autor, pues si la fuente no se especifica lo suficiente podríamos acabar acusados de plagio. Por el contrario, la medición del índice h se basa en las veces que otros nos citan, y en las que nosotros citamos a otros [recordemos, el índice h fue definido por Hirsch de esta manera: Un científico tiene índice h si el h de sus Np trabajos recibe al menos h citas cada uno, y los otros (Np – h) trabajos tienen como máximo h citas cada uno]. Desde ese punto de vista, nos interesa citar, y ser citados. Pero para hacerlo hay que cumplir determinadas convenciones gramaticales, ortográficas y ortotipográficas, y a ello vamos a dedicar los dos siguientes post. Sigue leyendo