¿POR QUÉ DECIR LO CONTRARIO DE LO QUE SE QUIERE DECIR?

Este post recogerá algunos ejemplos de incorrecciones; son errores gramaticales de cierta relevancia, no más graves o leves que otros, pero donde se da la peculiaridad (el agravante, en realidad) de que su uso hizo que se dijera exactamente lo contrario de lo que se quiso decir. Como se suele preguntar a los testigos, lo sé porque yo estaba allí y pude comprobarlo, no es una pura conjetura. En realidad, estos errores suelen ser fruto del enrevesamiento en el uso del lenguaje. Las oraciones sencillas no suelen ofrecer, a veces sí, riesgo de confusión por doble sentido (anfibología), y menos aún de ser capaces de significar dos cosas divergentes. No, divergir es propio de oraciones largas, plagadas de subordinaciones, proposiciones y complementos que, cual meandros que inundan un delta, nos hacen perder fácilmente el hilo del discurso. Pero hasta en formulaciones aparentemente simples se esconden oscuros sentidos, las más de las veces no pretendidos. Veámoslos.

EJEMPLO 1: EL PARTICIPIO TRAIDOR

Dice el ejemplo:

“Se abrió expediente una vez girada visita de inspección al despacho del denunciado por un cliente”.

Podemos entender el sentido fácilmente, pero en realidad hay una trampa tendida a nuestros pies. ¿Quién realizó la inspección? El inspector, lógicamente. Bien, el inspector no aparece, y aunque en un uso normal del lenguaje la elipsis es aceptable, en un uso administrativo y jurídico están proscritas las referencias impersonales. Si nos ciñésemos a la norma, buscaríamos un término explícito que cumpliera la función adecuada en la oración. Et voilà! En este caso lo hay: un cliente. Así resuelto, resulta que un cliente le abrió un expediente al denunciado tras haberse realizado una visita de inspección. ¿Cómo? ¿Que en realidad el cliente realizó la visita, y después alguien inconcreto abrió un expediente? Empezamos a ver las cosas como en las indirectas que Gila detective lanzaba para capturar asesinos: alguien ha matado a alguien…

EJEMPLO 2: EL ORDEN DE LOS FACTORES

Aunque de apariencia sencilla, propongo el siguiente “trabasentidos”:

“Es necesaria supervisión para que el juzgador pueda no sólo calificar la concurrencia de interés legítimo, sino también para que pueda velar por el cumplimiento de las normas”.

Analicemos los elementos: el juzgador; la supervisión; la necesidad de supervisión para varios asuntos. De una parte, es necesaria para calificar la concurrencia de interés legítimo; de otra, para… ¿para qué? ¿Para que pueda velar por el cumplimiento de las normas? Si así fuera el juzgador se siente incapaz de hacer su trabajo, quizá porque es juez sustituto y el ejercicio de la judicatura le supera. Pero no de otro modo se puede entender si atendemos a los conectivos “no sólo… sino también”. ¿Entonces? Entonces la oración está mal construida, evidentemente. Es un error muy repetido este de colocar mal los conectivos, haciendo que afecten a lo que no deben afectar y dejar fuera los elementos que bien mirados forman parte de la correlación. Quizá así queda más claro que si cambiamos no sólo tras supervisión ya vemos nítidamente los dos asuntos “supervisables”. Pero quizá esa manía recurrente de usar oraciones pasivas o mediopasivas (Es necesaria / Se necesita) planteen ya una complicación innecesaria, pues en sí mismas pueden ocultar un riesgo de confusión, porque lo que la oración debería decir es que el juzgador necesita supervisar, no que necesita supervisión. Si esta oración estuviera en un texto normativo la doctrina se iba a poner las botas, y tendría que acabar interviniendo un tribunal que hiciera interpretación de norma tan chapucera. Puede que con supervisión de la Real Academia.

EJEMPLO 3: ATRÉVASE USTED CON EL DE QUE

Para no hablar y escribir mal a veces nos ponemos a la defensiva. Con resultados inesperados, como en este texto:

“A pesar de que el encargado advirtió que las medidas de seguridad eran insuficientes no hubo reacción por parte del empresario”.

Mal asunto. Parece haber negligencia, quizá con un accidente laboral de por medio. Sólo con la oración anterior debemos juzgar los hechos supuestos, debemos llegar al convencimiento de quién es el culpable que deberá arrostrar las duras consecuencias que la pena impone. Podemos incluso, para asegurar la veracidad de lo que se dice, inventar un testigo que vio al encargado. ¿Lo intuyen? El culpable es… evidentemente, el encargado. Porque si el testigo habla, lo que dirá es que el encargado vio efectivamente las medidas de seguridad, y que su cara de circunstancias delató que se había dado cuenta de que eran insuficientes… pero no hizo nada. Porque “advertir algo” (advierto un tono irónico en este ejemplo) no es lo mismo que “advertir de algo” (advierto de que un tono irónico en este ejemplo es completamente deliberado). Ateniéndonos a la letra, el empresario es inocente porque no fue informado por el responsable. Se ha demonizado tanto el “de que” que hay ahora quien lo evita como la peste, cayendo en el queísmo, igual de feo, pero con consecuencias además indeseables. ¿A la cárcel por un de? ¡Dónde iremos a parar!

EJEMPLO 4: ERRAR EL TIRO

No debería haber nada más claro que una regla. Pero a veces seguir las reglas al pie de la letra sería una locura. Analicemos esta oración:

“Las instalaciones se cerrarán por el responsable o por quien haya delegado dicha función”.

Esta a lo mejor es más fácil. El responsable es el que cierra las instalaciones, pero si él no está ¿quién se encarga? Estas atribuciones inconcretas son demasiado habituales en nuestra normativa, “lo hará él o lo hará otro”, sin que sepamos quién va a ser ese otro. Pero en el ejemplo dicho introduciremos la oración en un superordenador y esperaremos a ver el resultado. Y posiblemente nos dirá que aclaremos primero quién es el responsable. Porque el responsable cierra las instalaciones, sí, pero al parecer, según se dice después, también puede cerrar las instalaciones otra persona que actúa como delegado de alguien que tiene esa potestad, la potestad de delegar; o sea, que también es responsable, con lo que ya no hay un responsable sino dos. O incluso que no, porque el texto no especifica nada en tal sentido, y resulta que con ello estamos diciendo que un señor que se ha leído la regla expuesta a la puerta entra en las instalaciones y le dice a un operario: “Oiga, cierre las instalaciones”. El operario, asombrado, pregunta: “¿Pero por qué?” A lo que el señor le contesta: “Porque lo digo yo y punto”. Y como en este país tener pinta de tener autoridad impone mucho, el operario se cuadra y grita: “A ver todos, id saliendo que lo dice este señor”. Lo que supone un grave riesgo para la productividad y resta seriedad a nuestras empresas. Esta reductio ad absurdum pretende enfatizar ese uso descuidado de los relativos, sin buscar la concordancia necesaria con el antecedente, o la necesaria distancia con el sustantivo anterior para evitar la confusión, como en este caso, donde se debería haber dicho … por el responsable o por aquel en quien haya delegado… ¿Se dan ustedes cuenta de que nuevamente nos encontramos con una medio pasiva involucrada? ¿Qué tal habría quedado “El responsable o aquel en quien haya delegado esta función cerrarán las instalaciones”? ¿No estará más seguro el propietario? Seguro que sí.

Anuncios

2 Comentarios

  1. Pingback: EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS AUTORES | EL BLOG DE ADALBERTO

  2. Pingback: EL PODER NORMATIVO DE LA REAL ACADEMIA (I): LENGUA Y NORMATIVA | EL BLOG DE ADALBERTO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s