ALFABETIZACIÓN VISUAL (IV): GRÁFICOS

Nos hemos centrado en los post pasados en el texto como el elemento principal de los trabajos maquetados. Evidentemente ello es así, tanto cuantitativa como cualitativamente. Sin embargo, no podemos desdeñar la importancia de los elementos gráficos que podemos introducir, y que resultan soporte, complemento o visualización de la argumentación que estamos transmitiendo. No es este el lugar para entrar en cómo generar estos elementos gráficos, cómo trabajarlos, y ni siquiera en qué formatos tratarlos, porque lo que ahora me interesa es ofrecer una visión clara de cómo los PM tratan estos elementos gráficos. Para ello vamos a empezar, un poco jesuíticamente, por aclarar qué no es texto, y que entraría dentro del campo de lo que aquí llamamos “gráfico”.

TRÍPTICO MAQUETADO

QUÉ NO ES TEXTO

No es texto todo aquello que interrumpe la lectura. Aunque tenga texto también. Como ya vimos, la lectura de un documento maquetado no se somete a la linealidad de un documento de TT, y puede que planifiquemos varios niveles de lectura: texto principal, sumarios, notas a pie, notas explicativas… Todo ello vendrá conformado por las hojas de estilo utilizadas y por las cajas de texto que hayamos dispuesto en ellas. De esta forma, podemos hablar de documentos de lectura no-lineal o complejos, pero todo ello será al fin y a la postre texto.

Cuando hablamos de no texto nos referimos a espacios aislados donde insertamos elementos gráficos, del tipo que sean. El caso de las tablas creadas en el propio TT es un caso especial, por cuanto en las opciones de importación se nos consultará específicamente qué hacer con ellas, si respetar el formato origen o adaptarlas a uno propio que podemos definir en el PM. Pero en principio es texto lo que incluyen, y como tal la familia tipográfica de ese texto será listada con las demás utilizadas en el documento.

LOS MARCOS GRÁFICOS

Quedémonos con la idea principal: los elementos gráficos se incluyen en espacios generados para ellos. No es exactamente lo mismo que sucede con los TT, donde podemos insertar elementos gráficos: aquí “abrimos una ventana” que diseñamos como queremos, y por esa ventana asomará nuestro gráfico. Esa ventana es lo que se denomina un marco gráfico.

Las “cajas” creadas por un PM no tienen una definición preconcebida como marcos gráficos. De hecho, podemos convertirlas en marcos gráficos o en cajas de texto, a nuestro antojo. Podemos dibujarlas como cuadrados perfectos, rectángulos que se adapten a un espacio predefinido, círculos o elipses o bien polígonos de la forma que prefiramos, y pueden tener o no un filete exterior que los rodee. Lo importante es que si decidimos que ahí colocaremos una imagen al colocarla abriremos la “ventana” y podremos verla.

LAS IMÁGENES IMPORTADAS

Si la imagen que encajamos en ese marco es muy grande podemos “adaptarla”, encajarla, pero quizá sólo queremos que se vea una parte, así que podemos desplazarla hasta visualizar lo deseado. Si el tamaño no nos convence ni nos sirve el encaje automático hay que ir al origen y cerrar la imagen con una resolución menor (esto es cosa de Photoshop, de Freehand o de Illustrator). Si por el contrario la imagen es pequeña podemos intentar descomprimirla al máximo (el formato jpeg de la mayoría de las imágenes es un formato comprimido, y con un programa adecuado quizá consigamos aumentar la resolución). Nunca es buena idea “estirar” una imagen, pues estaríamos forzando su visualización y pueden aparecer pixelados: si aumentamos la imagen sin aumentar la resolución estamos ampliando cada punto que la forma, y si se hace visible la imagen pierde nitidez.

Adecuar la imagen a la página siempre es lo ideal, pero encajar imágenes grandes va a redundar en hacer más grandes, más “pesados” los archivos del PM, un inconveniente que quizá nos podamos permitir pensando en que ello no influirá demasiado en los pdf que generemos, que desechan lo que quedó fuera del espacio visual.

Los propios PM tienen herramientas para modificar las imágenes, no muchas ni muy sofisticadas, pero que quizá sirvan a nuestros propósitos; podemos echarles un vistazo si necesitamos un retoque. Para cosas más complicadas hay que aventurarse en esos programas enormes y sofisticados que hacen cosas que nos dejan con la boca abierta… si uno los controla a conciencia, claro.

Lo que sí es importante es saber que las imágenes colocadas no están dentro del documento, sino que están vinculadas a él. Quiere ello decir que el programa debe saber dónde reside la imagen a la hora de cerrar un pdf o de imprimir el documento, y que el lugar no puede cambiar. Si al abrir el documento el PM no sabe dónde están las imágenes preguntará por ellas, y para poder trabajar habrá que volver a vincularlas. De no hacerlo sólo ofrecerá un draft, una imagen simulada de baja resolución totalmente insatisfactoria. Los documentos del PM y las imágenes que lo acompañan son pues inseparables.

CÓMO COLOCAR LOS MARCOS GRÁFICOS

Dentro de los elementos gráficos o “imágenes” podemos marcar una diferencia fundamental: los que aparecen en lugares fijos del documento, con una dimensión preconcebida, y los que vienen intercalados a lo largo del texto, y que se sitúan con el tamaño y en la posición que nos convenga en cada caso.

Los primeros, lógicamente, habrán sido diseñados previa y convenientemente en hojas de estilo que necesiten ese apoyo gráfico, como por ejemplo una portadilla o la par siguiente a una portadilla.

Para insertar los segundos podemos usar la herramienta que aparece en el menú flotante de herramientas básicas: la herramienta “Marco”.

La herramienta “Marco” permite crear cajas de la forma deseada (circulares o elípticas y poligonales de la forma que definamos), y en principio no sirven sólo para albergar gráficos, pues podemos definirlas también como de texto. Su introducción en la página nos obligará a definir si el texto de recolocará a su alrededor (provocando lo que se denomina un texto en arracada), cuánta separación daremos, si queremos un fondo, o un filete visible exterior. Al colocarlo en el documento le asignamos un espacio fijo, por lo que si alrededor todo cambia el gráfico no se moverá y quedará descolocado. Muy descolocado si lo que pretendemos es exportar el documento como epub, porque los criterios de exportación no entenderán ese “verso suelto” y posiblemente lo ignoren. Por eso es una forma válida de incluir elementos especiales en documentos muy cortos, como por ejemplo un cartel, o un tríptico, donde el diseño equivale a la producción gráfica completa: si en un documento cada elemento es especial y único no tiene sentido acudir a hojas de estilo, que ahorran esfuerzos por su repetición sistemática.

LOS OBJETOS ANCLADOS

Para evitar los inconvenientes descritos tenemos otra opción, que es insertar en el lugar escogido “objetos anclados”. Si según dijimos antes con la herramienta “Marco” habíamos creado un modelo que nos sirve para lo sucesivo podemos reservarlo acudiendo a la pestaña donde se recogen los estilos de objeto, y crear uno nuevo (para ello debe estar activa la pestaña “Selección”), al que daremos un nombre determinado, o bien crearlo cuando abrimos por primera vez el menú de “Insertar objeto anclado” para no tener que repetir el mismo proceso una y otra vez con las mismas variables.

Cuando queramos insertar un objeto anclado se abrirán las opciones de colocación y espaciado precisas, pero previamente se nos preguntará qué tipo de elemento queremos insertar. Podemos elegir “Marco gráfico básico”, “Marco de texto básico” o uno de los diseñados previamente por nosotros.

¿Por qué debe ser así como introduzcamos los elementos gráficos o los textos fuera del discurso en la página? Porque de esta forma el lugar asignado es invariable respecto de aquello a lo ha quedado vinculado (a lo que hay delante y detrás), y se desplazará con ello si se modifica. Y no se perderá en el proceso de exportación a epub, tampoco.



 

Con esto hemos dado un repaso general al concepto utilizado por los PM a la hora de abordar la creación de documentos. Por su flexibilidad, los documentos creados podrán tener entre una y miles de páginas, pero como hemos visto su potencialidad se aprovecha con documentos multipágina, complejos y de retícula variada. En la estéril discusión entre si es mejor usar un TT o un PM lo único realmente cierto es que conocer qué son cada uno de ellos y los rudimentos de su funcionamiento es lo que nos puede guiar a la hora de decidir por cuál inclinarnos. Y espero que esta serie se post haya resultado útil a ese propósito.

 

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1 comentario

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