AUTOEDICIÓN Y ALFABETIZACIÓN VISUAL (II): EL LIBRO

En el pasado post hablábamos genéricamente del “espacio en blanco” que se genera en un documento nuevo generado por un PM, o un conjunto de ellos, si es que los vamos a agrupar para formar un solo volumen. Vamos a ver ahora qué normas rigen la presentación de la información en forma de libro, que debemos respetar si esperamos que tenga una apreciación positiva por parte del lector.

Todas estas normas son por supuesto convenciones, pero como ya he comentado en otras ocasiones no debemos menospreciar el valor ni la oportunidad de las convenciones: nunca olvidemos que la arquitectura griega de Fidias, el referente clásico por excelencia, se sujetaba a unas adaptaciones muy precisas que buscaban que el ojo humano percibiera la construcción como estéticamente perfecta, no matemáticamente perfecta, deformando el fuste de algunas columnas para que al apreciar el peristilo la luz no las hiciera aparecer más delgadas a una altura media que junto a basas y capiteles. Si puede que incluso genéticamente estemos determinados para evolucionar a partir de conceptos “aprendidos” o impresos en nuestro cerebro, la originalidad debe comenzar donde termine el conocimiento, ergo este primero se hace imprescindible.

LIBRO, TOMO, VOLUMEN

Para caminar sobre seguro vamos a comenzar por una cuestión puramente nominal: qué es un libro, qué es un tomo, qué es un volumen.

Libro, según la primera de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española, es un conjunto de hojas encuadernadas; ni siquiera dice que deban ser impresas; legalmente, más abajo dice que debe tener 49 o más páginas (si es más pequeño será un panfleto o un opúsculo, por ejemplo), pero no hay más condiciones. Por tanto, y en principio, un libro es un formato físico, y de ahí la propiedad de hablar de “libro electrónico”, por cuanto también es un formato físico.

Sin embargo, libros hay muchos, de ahí que las entradas que acumula el término sean muchas. Nos importa la que aparece en segundo lugar, y que transcribo literalmente:

“Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte”.

Como vemos, tanto la índole como el soporte pueden cambiar, y asociamos libro a volumen porque en él se recogen. Pero lo importante es que un libro es una obra.

Parece entonces que la tercera acepción nos contradice:

“Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión”.

Es esta sin embargo una acepción muy especial, aplicable a la Biblia y a obras de gran extensión y que necesitan una adecuada sistematización, como el Código Civil, por ejemplo.

O sea, un libro es una obra en un solo volumen, pero también puede ser una parte de una obra, unida a otras partes asimismo en un volumen, o no. A pesar de este aparente lío, todos tenemos claro de qué hablamos cuando hablamos de libro. No está tan claro cuando hablamos de tomo o de volumen.

Un tomo es una parte de una obra; de una obra tan grande que excede el formato aconsejado para un solo libro. Una obra se divide pues en tomos por comodidad de uso. Según el Diccionario, es “Cada una de las partes, con paginación propia y encuadernadas por lo común separadamente, en que suelen dividirse para su más fácil manejo las obras impresas o manuscritas de cierta extensión”. Como vemos, dice encuadernadas separadamente “por lo común”, aunque ello no es taxativo.

Un volumen, sin embargo, es una parte de una obra extensa con entidad por sí misma, o bien una pluralidad de escritos reunidos en una sola entidad; el “cuerpo material de un libro encuadernado”, dice la RAE.

O sea, ese libro que está sobre nuestra mesa puede ser un volumen que aúna escritos de varios autores, entre ellos los tomos de artículos de uno de ellos y los libros que de otro aparecieron a lo largo de varios años.

Según el Manual de estilo Chicago Deusto, del que ya hablamos en otro lugar, varios  volúmenes pueden llevar paginación consecutiva, aunque ya vemos que la RAE da a cada tomo la capacidad de tener paginación independiente. Es dudosa al menos la utilidad de conferir a diferentes volúmenes paginación correlativa, y en el propio Manual se exponen razones de la inconveniencia.

EL LIBRO MAQUETADO

Ahora que hemos desentrañado las diferencias entre libro, tomo y volumen bajemos a la aplicación práctica de la creación de libros en los PM. Para un PM un libro es la agrupación ordenada de archivos para que formen una unidad. Las utilidades que ello proporciona son varias y muy importantes:

Quizá la más importante es que nos permite trabajar en diferentes partes de la obra ignorando la consecutividad. Sólo al final, cuando vayamos a realizar la compilación, debemos preocuparnos de que no falte ninguno.

También, los elementos que forman un libro son ampliables, y podemos intercalar uno nuevo o eliminar uno antiguo cuando queramos.

Asimismo, y si no estamos seguros del material que finalmente irá en el libro, podemos generar versiones en diferentes carpetas donde introduciremos los elementos preferidos. Imaginemos que nuestro libro se va de páginas y tenemos una limitación para el texto impreso que nos obliga a eliminar partes que sin embargo podemos conservar para la edición electrónica. Con abrir un nuevo libro llamado “edición en papel” podemos podar lo que queramos sin perder el material original ni las ventajas de haber creado el libro.

Todo lo anterior está muy bien, pero no deja de ofrecernos la ventaja de una simple recopilación. No parece para tanto ¿verdad?

Bueno, pues sí lo es, en realidad. Porque nuestro libro siempre estará paginado, y no sólo eso, sino que en el primer archivo creado, el del sumario o índice general, aparecerán todos los títulos y subtítulos del libro, con la identificación de la página en la que aparecen. Y se actualizarán automáticamente cada vez que realicemos algún cambio. No sólo el índice general, de hecho. Si hemos creado un listado de figuras o ilustraciones, de tablas, cuadros o cualesquiera otros elementos, pasará lo mismo. Ello es así por obra y gracia de los estilos de párrafo.

El mecanismo es básicamente el mismo que utilizan los “estilos” de los TM, pero la vinculación entre archivos independientes es uno de los fuertes de los PM, y su aprovechamiento nos puede hacer ganar mucho tiempo y evitarnos tediosas revisiones.

LAS PARTES DEL LIBRO

Como hemos visto, esa vinculación de los archivos de un libro puede operar entre cualesquiera tipos de archivos, con la estructura interna que les hayamos dado. No estaría de más conocer qué componentes se consideran importantes a la hora de preparar un libro.

Obviamente, la primera página de un libro es la portada, aunque puede venir precedida por un par de páginas en blanco, que se llaman “de cortesía” y tienden a conservarse sólo en obras donde el aprovechamiento del papel y su uso no es importante, como por ejemplo en obras de ficción o poesía. No confundir con la cubierta, que es lo que vemos en las librerías. La portada es la página 1, no lleva folio e incluye los elementos básicos identificadores del libro: el autor, el título completo, subtítulo (de tenerlo) incluido, la editorial y el año de edición. Ahora bien, puede que antes de la portada exista una anteportada, útil cuando hay que ofrecer información sobre la colección a que pertenece el libro, el proyecto de investigación en que se encuadra u otra información relevante, información que irá detrás de esa anteportada para que se vea juntamente con la portada al abrir el volumen.

Tras la portada irá la página de créditos, que recoge los aspectos legales que atañen al libro: el copyright o el copyleft, con la leyenda “todos los derechos reservados” (que no es una mera fórmula, sino que querrá decir que, aparte los derechos derivados del contrato por el que se rige la edición, la obra está registrada como propiedad intelectual de su autor, a quien le caben los derechos que ello acarrea y que la Ley de Propiedad Intelectual especifica), el ISBN si va distribuirse (en otro caso no es necesario, lo que es de agradecer porque desde la reciente reforma del ISBN conseguir un número es caro) —no hablamos del ISSN porque este número es para publicaciones seriadas—, la fecha de publicación, información sobre el editor, lugar de impresión (que es importante porque el depósito legal se vincula al lugar de impresión, no al de edición, y cuanta otra información sea relevante, como el origen de las imágenes, por ejemplo. Esta información puede llegar a ser muy abundante y ocupar una buena parte de la página. Debe separarse por líneas y párrafos según conceptos.

Tras esta doble página fundamental e imprescindible pueden aparecer muchas más, de las que realmente las únicas que nunca deberían faltar son las del Sumario (índice general o, como se dice modernamente, Tabla de contenidos). Antes podrá haber una dedicatoria y un epígrafe (una cita oportuna al propósito del libro), y después listados —de ilustraciones, autores citados, tablas, cuadros, etc.—, prólogo, prefacio (el primero escrito por persona distinta del autor, el segundo hecho por éste como una explicación general de la obra, sin tratar el tema, lo que si es el caso se hará en la Introducción), agradecimientos, y lo que sea menester. Algunos elementos, como los glosarios y las bibliografías, suelen aparecer al final del libro, con los anexos. Todo lo que hemos visto antes se llama pliego de principios, y es conveniente que constituya un archivo independiente, que puede numerarse de otra forma (con números romanos, por ejemplo).

Entre medias quedará, propiamente, el texto, el cuerpo de la obra; todas las subdivisiones importantes conviene que aparezcan en página impar, aunque haya que dejar la anterior par en blanco. Si hubiera por ejemplo dos o tres más relevantes podría ser interesante crear para ellas “portadillas”, donde quizá puede venir el autor, o colaborador, si fuera preciso, y donde podrá asimismo ofrecerse información por detrás, en la “contraportadilla”, cuando venga al caso, o dejarla en blanco, si no. El Manual de estilo Chicago Deusto recoge la posibilidad de que la portadilla se componga a doble página, pero ello podría ser bastante inconveniente si el texto anterior rebosó la última impar, lo que obligaría a dejar una impar blanca, algo que no considero aceptable.

EL CUERPO DEL LIBRO

Rige para el cuerpo del libro lo que dijimos el día pasado sobre márgenes, retícula, cabeceras y pies y foliado, y por ello no volveremos a insistir ahora. Nos centraremos en cambio en el uso combinado de hojas de estilo, antes de entrar de lleno en el uso del texto el próximo día.

El planeamiento de la diagramación (la colocación de los elementos que componen la obra en su lugar) debe responder siempre a la economía de esfuerzos. Como dijimos, podremos crear tantas hojas de estilo como nos apetezca, y, muy importante, crearlas a partir de otras previas, para eliminar lo inconveniente y adaptar lo necesario. Un ejemplo: pongamos que nuestra obra recoge un anexo de veinte páginas que es un folleto preexistente en formato pdf. Si la proporción ancho-alto es la misma en este que en nuestra página, lo más sencillo será crear una hoja de estilo a partir de la hoja de contenido básica del libro, eliminar su contenido y crear una caja gráfica del tamaño completo de la página. Si quisiéramos en cambio que ese contenido apareciera como ilustraciones podríamos salvar cabecera y pie.

Cuando un elemento gráfico aparece sistemáticamente en una página colocaremos la caja gráfica en la propia hoja de estilo. Pongamos por caso que cada portadilla lleva una foto, cada vez una, pero todas de la misma medida. Sin embargo, las ilustraciones repartidas por el texto no deben incluirse en una caja gráfica pegada sobre la caja de texto, y mucho menos alterar la caja de texto. El camino correcto es anclar un objeto al lugar designado. Así tendremos la seguridad de que se trasladará cuando el bloque de texto, por lo que sea, se modifica.

Puede que haya cajas de texto vinculadas entre sí con diferentes usos a lo largo del libro. Quizá hayamos hecho una reserva para colocar todos los créditos de las ilustraciones en la parte superior interna de cada página. Correspondan los que correspondan, si volcamos el contenido de todos los pies en estas cajas sólo habrá que ir eliminando las cajas donde no correspondan, o modificarlas, para que el trabajo quede hecho sin mayor esfuerzo al final del libro (o del capítulo, si lo dividimos así).

El próximo día cerraremos esta breve panorámica del trabajo en PM que puede ser de utilidad para quienes buscan una apariencia profesional y elaborada a sus trabajos, bien sean documentos didácticos, autoediciones o trabajos de investigación sometidos a tribunal.

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