ESCRIBIR EN UN ENTORNO AGRADABLE (I): PANTALLAS DE VISUALIZACIÓN

A la hora de escribir hay tres circunstancias básicas que debemos controlar: la pantalla de visualización de datos (PVD), la iluminación y el puesto de trabajo. Hoy vamos a centrarnos en la primera de ellas.

Las pantallas de visualización han evolucionado a una enorme velocidad, y su resolución y nitidez nos sorprenden si las comparamos con las que tenían aquellos venerables monitores negros de tubo catódico que se usaban hace sólo veinte años.

Sin embargo, esta evolución también tiene su contrapunto, pues las modernas pantallas pueden resultar dañinas para nuestros ojos si los sometemos durante largas jornadas a la radiación que emiten. Todos los que estamos habituados a su uso continuado sufrimos molestias de algún tipo, molestias que pueden desembocar en algo más serio.

La normativa, sin embargo, parece no ir al compás de los tiempos, y el texto legal de referencia cuando hablamos de pantallas de visualización es el Real Decreto 488/1997, de cuando los ordenadores iban a 125 voltios… Este texto, y un comentario sobre su contenido editado por el INSHT, pueden consultarse en la dirección http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Normativa/GuiasTecnicas/Ficheros/pantallas.pdf.

Este texto legal incluye algunas prescripciones de obligado uso por los empresarios que disponen de puestos de trabajo con PDV, pero por lo general es el propio trabajador el que desconoce las recomendaciones que debe seguir para preservar la vista. Algunas bien sencillas: Respetar la distancia focal (como mínimo 60 cm del ojo a la pantalla); descansar al menos cinco minutos por hora, cambiando la distancia focal y procurando mirar al infinito (perderse por las nubes, que es muy poético) o cuando menos lejos, más allá de 100 metros; levantar la vista de vez en cuando y fijar la vista en objetos a tres distancias diferentes; parpadear repetidamente cada cierto tiempo… Cosas todas ellas que son muy lógicas, pero que hacemos cuando estamos relajados y vamos bien de tiempo, o sea, cuando menos falta hace.

Debemos tener cuidado con el brillo que emite la pantalla. Sólo los diseñadores gráficos muy muy serios necesitan esas pantallas retina con una luminancia brutal que achicharran los ojos. Si nuestro monitor está muy alto entremos en el menú oportuno y corrijámoslo, para siempre. Si somos de Apple, la tecla F1 nos permite bajar luminosidad, aunque en algunos modelos de iMac el mínimo ya es muy alto. Hay programas que lo solucionan, poniéndole unas “gafas de sol” a la pantalla. Es cuestión de buscar por Internet si nos interesa, hay mucho freeware sobre el tema.

La Instrucción básica para el trabajador usuario de pantallas de visualización de datos del INSHT nos ofrece ciertas recomendaciones sobre distancias y colocación muy oportunas, pero nos habla de otras que han quedado bastante obsoletas, y que conviene comentar.

Por ejemplo, insiste en el uso de filtros antirreflejo para los monitores, filtros que ya no son necesarios porque la capa más externa de los modernos monitores no refleja los objetos hasta el punto de hacerlos molestos, permitiéndonos incluso que la luz de un flexo incida sobre ellos y rebote a nuestros ojos sin molestarnos demasiado.

Pero es más curioso cuando habla de polaridades. En los ordenadores personales antiguos, el “entorno windows” se acompañaba de la posibilidad de variar la polaridad, es decir, de poner la pantalla en negro y que el texto se mostrara en blanco. Eso se abandonó, y por más que he rebuscado no he visto por ningún lado que en los modernos sistemas operativos se permita esa variación de la polaridad. Puede que sea una lástima, porque era una buena idea, y quien recuerde haber trabajado en entorno MS recordará que la vista no se cansaba en absoluto.

Lo único que podemos hacer ahora, si nuestra vista está fatigada y debemos trabajar con un programa de tratamiento de texto, es variar el color de la página. Sí, el efecto es el mismo. En Word la opción está en la pestaña Diseño de página, donde dice Color de página. Si elegimos el color negro automáticamente conseguimos un cambio de polaridad. En Open Office debemos ir a la barra inferior, y hacer doble clic donde dice “predeterminado”, y que se refiere al diseño de página. Se abrirá un menú, y en una pestaña titulada Fondo tendremos la misma posibilidad. Eso sí, Open Office sólo cambia la polaridad de lo que queda dentro de los márgenes (lo que en edición se llama la “mancha”).

Doy por supuesto que cuando escribimos recurrimos siempre a los programas tradicionales de tratamiento de texto, pero ello no es obligado. Si no lo conocen, les invito a probar la aplicación Ommwriter. Es de descarga gratuita, y consiste básicamente en una interfaz amigable que permite abstraerse del entorno y escribir más sosegadamente. Para ello usa todos los recursos posibles: los colores de fondo, las tipografías, el propio diseño de la interfaz y música relajante que puede ayudarnos en nuestra labor creadora. Actualmente ya hay opciones de pago (entre ellas Dana II, el tema que a partir de Dana I creó Aimar Molero para esta aplicación —española, no está de más decirlo—, y que puede adquirirse en la Applestore), pero insisto en que podemos descargarlo sin coste. Los textos creados pueden cerrarse en los formatos estándar (siempre recomiendo rtf).

¿Es importante la música para escribir? Habrá defensores y detractores, y los estilos preferidos serán seguramente infinitos, pero merece la pena detenerse al menos unos minutos en este aspecto.

Considero las Variaciones Goldberg el primer ejemplo de música ambiental. El genial Johann Sebastian Bach, sin embargo, creó estas pequeñas piezas para que Goldberg las interpretara en un dormitorio, porque el bueno del conde de Keyserlingk tenía insomnio. Debemos atribuir al silencio la esencia de la música ambiental, y por ello, aunque quizá sea Schoenberg la referencia más antigua, tenemos en Erik Satie, ya en el siglo xx, la más genuina. Su pieza Furniture music ya está creada para acompañar, para formar parte del espacio donde nos encontramos, como los muebles. A partir de él las variantes han sido muchas, pero desde mi punto de vista la cumbre del movimiento sigue estando en la obra de Brian Eno, quien a partir de Discreet music realizó obras con una orientación muy definida, como su famosa Music for airports. El movimiento ambient se ha desarrollado mucho y con variantes, algunas más oscuras e inquietantes, otras más lúdicas e ibicencas. Sin embargo, muchos estarán pensando que no es ambient la música que prefieren escuchar a la hora de escribir.

Según un estudio realizado por Mercedes-Benz, el silencio sería posible si de nuestro entorno surgieran ondas de sonido que contrarrestaran las de los ruidos que nos atacan y nos desconcentran… Cosas de los alemanes, siempre tan prácticos. Escuchen lo que escuchen, espero que no sea por el mismo motivo por el que Jesse Pickman vivía en el estruendo de la música electrónica en la serie de televisión Breaking Bad: para tapar el murmullo incesante de una mala conciencia.

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2 Comentarios

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