USO CORRECTO DE LAS COMILLAS

Algo tan común como son las comillas plantean a los autores un montón de dilemas, y en los escritos abundantes errores que habitualmente lleva bastante tiempo enmendar. ¿Por qué?

En general, las comillas se usan con dos motivos: referir bibliografía y citar textos. Tienen algunos otros usos que la Ortografía de la Real Academia especifica, pero en los que no vamos a detenernos ahora.

Lo que debemos tener claro al principio es: ¿cuántos niveles de entrecomillado preveo que va a tener mi texto? y ¿qué comillas voy a usar para marcar esa gradación?

COMILLAS PROPIAS Y EXTRAÑAS

Si uno consulta la historia de las comillas tal y como venían recogidas en los diccionarios que la Real Academia ha ido editando verá quizá con sorpresa que lo que ahora consideramos moderno era lo habitual hace un siglo o más. La tipología de comillas recogida era: [“”], [‘’]; simplemente. Se recogió a veces el caso de las comillas [„‟], signos que con el correr de los tiempos dejaron de usarse y que ahora se conocen como “comillas alemanas”, pues en aquel idioma aún se usan. Pero nada más.

¿Por qué digo “nada más”? Quizá porque ahora vivimos una cierta campaña patriótica para extender el uso de las comillas [«»] en los textos en castellano. Claro, a estas comillas se las llama “españolas” (¡faltaría más!), y sus defensores dicen que las otras son “extranjeras” y nos las han impuesto Microsoft y Apple, porque en sus programas son las de uso común (lo cual es cierto, por otra parte).

Pero seamos serios. No confundamos la tipografía y la ortografía. El uso de las comillas [“”], llamadas altas, voladas, pequeñas o inglesas se extendió por los tipos de que disponían las imprentas. España, pese a una enorme tradición impresora, no ha destacado mucho como creadora de tipografías, y ha usado familias creadas en otros países, adaptándolas y complementándolas con los tipos necesarios (la eñe y poco más). De hecho, casi todas las familias tipográficas actuales de uso común disponen de todos los signos, letras y grafismos requeridos por las lenguas romances, pero una lengua de uso tan común como el nuestro ha tenido una atención temprana por parte de todos los tipógrafos, y esa ventaja nos ha permitido manejarnos “a la moda” en lo que a tipografía se refiere.

El uso de las comillas [«»], llamadas bajas, triangulares o españolas lo compartimos asimismo con Francia y otros países de nuestro entorno, aunque ellos separan los signos de la palabra a la que acompañan, tanto al abrir como al cerrar. Su utilidad principal, enlazando con lo que decíamos al principio, es que nos permiten establecer una gradación de tres elementos, utilizándolas por lo común de la forma siguiente:

los tres grados de uso de las comillas

USANDO TRES NIVELES DE COMILLAS DE FORMA HABITUAL

¿Cómo deberíamos definir las comillas en nuestro teclado? Considero que no es necesario variar la configuración inicial del teclado “español” (tradicional o internacional) para que al pulsar la tecla de comillas aparezcan las triangulares. Estas comillas no se usan en todas partes, y si hay que hacer una gradación vamos a tener que utilizar un atajo para introducir las que sustituimos, lo que le resta practicidad.

Generar un atajo de teclado es bien sencillo. Al abrir el cuadro diálogo de “Símbolo” vemos desarrollada la familia tipográfica en la que estamos trabajando. Si se hace en Word, y por una pura cuestión de modernidad, la familia tipográfica es la Cambria, que sustituyó a la Times New Roman. La Cambria, pero también la Times, es una familia con vocación de uso general, por lo que incluye todos los signos posibles. Sólo hay que buscar las comillas de apertura y fijarse abajo en la pestaña “Teclas”, que nos indica la asignación que el programa ha hecho para la inclusión de este signo. Muchas veces la asignación por defecto se hace mediante una mezcla complicada porque cada signo tiene un número en el código ASCII y debemos decirle al programa qué número es ese. Pero siempre podemos cambiarlo a nuestro gusto.

Cuando probamos una mezcla de teclas el programa nos dice si esa mezcla no tenía una función asignada o por el contrario sí la tenía (lo que es bastante común, y nos puede dar gratas sorpresas, aunque de los automatismos al escribir hablaremos en otro momento), en cuyo caso podemos “pisarla”, asignándole la nueva función. Pensemos antes de hacer la asignación si después nos acordaremos de ella y si nos resulta cómoda al usarla. Lo habitual es jugar con tres teclas, dos de las cuales suelen ser [ctrl], [shift] o [Alt].

Antes de salirnos del cuadro diálogo pulsemos la pestaña superior “Caracteres especiales” para ver las combinaciones de teclas previstas para los usos más comunes, entre las que se incluyen las comillas altas y las comillas simples. Como veremos, es más fácil acudir a [shift+2] para abrir o cerrar comillas altas, y a [apóstrofe], junto al cero, para abrir y cerrar comillas simples, que no esa retahíla de pulsaciones, que pasa de ser un atajo de teclado a un hatajo de teclas.

Si hemos definido ya las comillas triangulares, ya tenemos los tres grados que antes representábamos. Con ellos podremos atender casi todos los requerimientos a la hora de citar textos. Si los tres grados se nos quedan pequeños lo mejor es volver a empezar: [« “ ‘ « “ ‘]. Puede no ser muy estético, pero al cuarto grado puedo haber llegado en ocasiones que podría contar con una mano, y al sexto nunca, lo aseguro.

EL USO DE LAS COMILLAS AL ESCRIBIR Y AL IMPORTAR TEXTOS

Debemos ser cuidadosos al usar las comillas, porque si hemos usado [« “ ” »] y a la hora de tratar los textos la editorial debe modificarlas por [“ ‘ ’ ”] resulta sencillo hacer la conversión paso a paso, pero si decidimos usar las triangulares sólo donde había otras comillas dentro y no donde no las había esa conversión automática es imposible y hay que ir caso por caso.

Resulta un truco habitual no entrecomillar las citas cuando son párrafos completos, sino sangrarlas y ponerlas en un cuerpo más pequeño. Pero si eso contraviene las instrucciones del editor habremos generado una complicación peliaguda, porque habrá que entrecomillar los sangrados y cuidarse de que dentro no hubiera ya comillas. Vamos, una revisión en toda regla.

Muchas veces la complejidad puede no deberse a nuestra voluntad, sino a la importación de textos desde Internet con diferentes comillas. Hay que proceder con cuidado y sustituir las comillas por las que estemos usando antes de insertar esos incisos en nuestro texto (o sea, hay que usar siempre archivos diferentes, y no “volcar” sencillamente los incisos).

También es verdad que a veces las cosas se pueden complicar bastante si los textos que estamos reproduciendo son en otros idiomas. La recomendación en este sentido es la siguiente: dejar las comillas importadas, tal y como aparecen. Esos textos se crearon con un teclado en ese idioma, y si nosotros intentamos modificarlo nuestro teclado también se mostrará en ese idioma, de tal forma que si hemos importado un texto en francés que diga:

le législateur a déclaré: « cette loi est tout simplement magnifique »,

al introducirlo en nuestro texto puede quedar así:

Según la edición de la mañana de Le Monde, «le législateur a déclaré: « cette loi est tout simplement magnifique »»,

y si pretendemos variarlo para que las comillas dentro sean altas veremos que al pulsar la tecla de comillas aparecen de nuevo las comillas triangulares y su correspondiente espacio, aunque no lo hayamos creado. Puede pasarnos lo mismo en alemán, donde las comillas [„‟] son el equivalente a nuestras altas, y donde las triangulares se usan al contrario [»«]. Para forzar el texto en estos casos incómodos lo mejor es pasar el texto a inglés (resaltándolo y cambiando el idioma del teclado) y después volver al español. Así se puede decir que hemos “anulado” la convención original.

Puede verse una visión general y una guía útil del uso de las comillas en otros idiomas en la correspondiente entrada de la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Comillas.

Fuera de estos casos raros, debemos tener presente qué es lo más importante al usar las comillas: por un lado, no crear espacios donde no debe haberlos, y por otro lado colocar los signos de puntuación siempre fuera del entrecomillado.

Si insertamos espacios tras unas comillas de apertura con un programa de tratamiento de texto, o ante unas comillas de cierre, el programa las girará cuando no correspondan a símbolos insertados. De la misma manera, si tras unas comillas ponemos otras el programa interpretará que estamos cerrando las anteriores, aunque unas sean triangulares y otras altas, o unas altas y otra simple. Por eso al escribir hay que crear un espacio de separación entre ellas que luego podemos eliminar. Ello sin embargo no sucede con programas de autoedición cuando algunas comillas se han convertido en símbolos —por un método muy parecido al que vimos antes—, así que quien trabaje directamente en Indesign o QuarXPress se evita este inconveniente.

COMILLAS Y SIGNOS DE PUNTUACIÓN

Respecto de los signos de puntuación, este criterio se ha ido asentando en paralelo al que marcaba la colocación de la llamada de nota, que ya vimos en otro lugar, pero en este caso ha habido cierto consenso: los signos irán siempre detrás de las comillas. Hubo dudas cuando el texto citado incluía el signo necesario en la redacción, por ejemplo en el caso:

Según la escuela oficial, “el criterio preferido es el apuntado,” lo que se dispuso para evitar dudas,

pero entiéndase que en este caso la redacción le corresponde al autor, y la coma tras “apuntado” debería existir de todas formas, aun cuando no existiera en la cita.

Tampoco se justifica el uso contrario cuando se cita un párrafo completo, como se hacía a veces antaño, y la moderna Ortografía del 2010 establece que en estos casos las comillas deben ir, como es lo común, antes del punto, sea este seguido o final.

LO QUE SON COMILLAS Y LO QUE NO SON COMILLAS

Para finalizar quiero señalar que a veces pasa en los textos importados que en lugar de comillas tipográficas altas aparecen unos símbolos rectos, sin forma, que se denominan “virgulillas”, u otros con inclinación pero sin curvatura, llamados “doble prima” —o sólo “prima”, si equivalen a comillas simples—. Estos signos pueden (y deben) ser cambiados automáticamente con la opción “Buscar-Cambiar” para evitar que en el mismo texto las comillas tengan grafías diferentes. Al cambiarlos se convierten, en función del lugar donde aparecen, en comillas de apertura o de cierre.

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2 Comentarios

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