PREPARACIÓN DE TEXTOS PARA SU EDICIÓN: TRUCOS PARA NO TRABAJAR EN BALDE

¡Qué cosas más chulas hacen los modernos programas de tratamiento de texto! Se pone uno a hurgar y es que es un no parar, que si rótulos en colorines, que si títulos en curva con destellos, que si variantes infinitas de presentación del texto… Nos quedan unos trabajos que ríase usted de los códices miniados medievales. Luego nos lo solicitan porque van a publicarlo en una revista, o lo van a colgar en la web del Departamento, y cuando lo vemos, oye, no es lo mismo.

Se le pasa a uno en seguida porque editar es editar y siempre da un poco de subidón, pero ¿qué se hizo de nuestra presentación tan chula? De nuestros ratos decorando y rebuscando en los menús ¿qué se hicieron?

Pues la lógica de la edición. Qu’est-ce que vous avez pensé? Ya nos podíamos imaginar que los WordArt no los iban a respetar en esa revista tan seria que además va impresa sólo en negro. ¿Pero por qué no nos han dejado que los epígrafes que abrían en rojo, subrayados y negrita conservaran los asteriscos dobles, que enlazaban con los asteriscos sencillos que habíamos pensado para el segundo nivel, con los textos en marrón clarito y subrayado doble, cursiva y negrita?

La respuesta es simple: las normas de la edición las pone el editor. Y no es por capricho. El lenguaje visual del material impreso responde a una convención, aparentemente invisible pero de muy honda raigambre, tan enraizada en nuestra forma de abordar la información que los nuevos dispositivos electrónicos copian la forma de los antiguos. Leemos de izquierda a derecha, en letras de color oscuro (preferentemente negras) sobre fondo blanco, con márgenes, con una extensión de las líneas determinada, y con determinadas ayudas a la lectura tasadas y regladas. La arcana ciencia que determina estas normas se llama Bibliología, y otro día hablaremos más sobre ella.

LAS VARIANTES DEL TIPO

También en otro momento nos extenderemos hablando de la Tipografía, de las formas diseñadas para el alfabeto por muchos expertos que nos han dejado una herencia que en la actualidad se ha convertido en un totum revolutum, pero hoy vamos a hablar sólo de lo que tradicionalmente se han identificado como “variantes del tipo”, y que ahora los americanos han denominado “estilos”. Es de imaginarse que hace cien años un cajista tenía una cantidad de tipos determinada para componer en filas, o “galeras”, y que variantes mínimas como una línea de subrayado (lo que se denomina un “filete”) o la composición en columnas (divididas por una pieza que formaba un filete vertical llamado “corondel”) era ya un trabajo importante. Por eso las variaciones a la letra redonda (la que ahora se llama “normal”, como si las demás, que fueron diseñadas a la vez, fueran anormales) quedaban en las siguientes:

cursivas (“itálicas”, pues en Italia se comenzaron a usar, con el mismo uso que las redondas, allá por el Seicento, o “bastardillas”),

negritas (que ahora aparecen como variantes “bold” o “semibold”),

versales (las mayúsculas de toda la vida)

y versalitas (básicamente las mayúsculas de la altura de las minúsculas, aunque ahora Word nos quiere volver locos a todos, llamando “versales” a las versalitas —Delirant isti americani!, que diría Astérix—).

Bueno, si bien se mira ello da una cantidad apreciable de variantes que podríamos aplicar a los textos. Entonces ¿por qué complicarnos más la vida? Más exactamente ¿por qué hacer más, si seguramente no nos harán caso?

LAS NORMAS ESTÁN PARA CUMPLIRLAS… O ESA ES LA ESPERANZA DE QUIEN LAS PONE

La razón fundamental es el respeto al “estilo” de la publicación, que vendrá recogido en un rol normativo (el “libro de estilo” de la casa editora, o la “hoja de estilo” de la publicación en particular”) o se sujetará, a veces, a reglas consuetudinarias ininteligibles para ajenos. Estas normas se aplicarán durante el proceso editor —a veces mediante automatismos denominados “macros”— o serán simplemente exigibles a los originales que aspiren a ser editados, y que se rechazarán en caso de incumplimiento.

¡AH! ENTONCES ¿TODO ESE ESFUERZO HA SIDO PARA NADA?

Otra razón de peso es la imposibilidad de conservar las variantes de texto introducidas tan trabajosa y ocurrentemente por nosotros, lo que sucede cuando el texto es filtrado, o “marcado”, por un lenguaje electrónico que interpreta el texto en función de las necesidades de la publicación. Estos lenguajes son el html y el xml. El primero se ideó para los textos que aparecen en Internet. El segundo para el uso de los textos en cualquier dispositivo y con cualquier salida, haciendo que sean intercambiables sin perder sus características.

Para el respeto de la primera razón tenemos los formatos de archivo  txt y rtf. El primero solo confiere al texto unas características básicas, y hoy en día es demasiado limitado. El rtf (rich text format), en cambio, conserva características básicas de texto y párrafo, y es perfectamente válido para cualquier archivo de texto plano que requiera especificar color al texto, márgenes y alineación, subrayados, negritas y cursivas, y también admite tablas. Su utilidad es doble:

  • Es interoperable entre diferentes sistemas operativos (Windows, Linux y Mac OS), lo que nos permitirá transmitir la información seguros de que podrá ser abierta sin problemas, incluso aunque introduzcamos caracteres especiales, pues estos son “interpretados” por rtf e insertados sin problemas.
  • Es legible por cualquier programa de tratamiento de texto, bien sea antiguo o moderno, o bien funcione en entorno Mac o en PC.

¿Cuáles son sus limitaciones? Pues por ejemplo no es capaz de tratar “metadatos”, así que perderemos los enlaces que hayamos introducido. Y tampoco puede interpretar elementos complejos como “WordArt”, así que las cosas chulas, sencillamente, habrán desaparecido.

Respecto de lo que hablábamos sobre html y xml, si nuestros trabajos van a ir a una publicación electrónica se respetarán las características básicas del texto, pero no la familia tipográfica, ni el formato de títulos y subtítulos. Insistir en estos detalles será pues perder el tiempo.

LA ASOMBROSA METAMORFOSIS DE AUTOR PROBLEMÁTICO A AUTOR MODÉLICO

Todo esto nos sirve a la hora de trabajar en cualquier tratamiento de texto, porque los formatos de que hemos hablado son más “universales” que los de los propios programas. En realidad siempre acatamos el hecho de que todo el mundo usa Word, pero si alguien trabaja en OpenOffice, en LibreOffice u otro paquete gratuito lo que harán si abren nuestros archivos es “interpretarlos”, con el riesgo que ello implica. También, los modernos programas de autoedición (Indesign y QuarkXpress) poseen filtros para importar textos de casi cualquier programa de tratamiento, pero hay que reconocer que  algunos dan más problemas que otros, y cuanto menos estándar sea el que usemos más riesgo hay de encontrar en las pruebas modificaciones respecto de los originales a veces de difícil explicación.

Como siempre digo, para saber que enviamos un material que no va a causar trastornos lo mejor es hablar con el responsable de la edición, o al menos especificar en el mensaje del envío los archivos que enviamos, el programa en que están hechos, la versión de este programa y otras cosas que puedan ser relevantes. Por ejemplo: Adjunto remito un archivo de texto por cada capítulo más otro para la introducción y otro para la bibliografía y dos archivos excel con los datos y los gráficos referenciados en el texto. Todos de Office 2007. Se acompañan además tres pdf con las fórmulas matemáticas del capítulo 6 hechas en LaTeX versión 2005.


 

En otro post hablaremos de cómo ahorrar esfuerzos definiendo la estructura básica de los documentos, lo que nos ayudará a trabajar más rápido y a no llenar de códigos los archivos que luego son un estorbo durante el proceso de edición y deberán ser buscados y eliminados.

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